jueves, 29 de agosto de 2013


NOSOTROS O ELLOS (DESPUÉS DE LAS PASO)    quinta parte

1. Racionalidad

Vamos, como mencionaba José Ingenieros, a tratar de utilizar la cabeza para pensar y no como un mero adorno. Ello no significa que hacerlo equivale a “descubrir” verdades, pero puede y mucho aclararnos la situación histórica por la que estamos atravesando, que por otro lado, es muy necesario saberla, en especial cuando se trata de armar, conformar, establecer e influir sobre cómo será nuestro futuro y también determinar si lo que ocurrió es una catástrofe o es un proceso necesario e inevitable que va a permitir mejorar y no retroceder.

En principio toda la historia muestra y demuestra que se monta sobre una permanente transición hacia una sociedad donde reine la armonía, la verdadera justicia social, la solidaridad y la no explotación del hombre por el hombre. A ese tipo de sociedad muchos la denominamos socialista, otros, menos jugados, la denominan post-capitalista y otros, jaqueados por el imperialismo y la especulación financiera la denominan “capitalismo serio”.

Es de entender que esos tres grupos mencionados tiene algo en común; ese “algo en común” es que no pueden desarrollarse, no pueden realizarse, no pueden ser ni solidarios ni justos dentro de una sociedad conducida por un minúsculo grupo financiero concentrado y de una voracidad tal, que no cesa de utilizar, para defender y mantener sus intereses, los métodos más espurios, que van desde el soborno, el chantaje, el espionaje, el seguimiento, el asesinato, hasta arribar al genocidio.

Ese algo en común nos une y es vital, pues el enemigo es minúsculo en cantidad y honorabilidad, pero mayúsculo en poder cultural, financiero, militar y en carencia de ética.

Y nos unimos por (al menos) dos razones: una conservadora (es decir tratar de que ese monstruo no avance más sobre nuestros intereses y tratar de que ceda parte de lo que se apropió); y otra transformadora (es decir, tratar de alcanzar la inclusión social, el bienestar de la población, la reducción de la pobreza, la mejora de la salud, la posibilidad de que exista un futuro mejor).

Para ello, para enfrentar a ese grupo tan pequeño en personas pero tan letal en poder, las sociedades forman Frentes donde se unen los que piensan distinto pero que son afectados por un mismo actor que puede ser denominado “capitalismo salvaje” por unos, “poder concentrado” por otros” o “imperialismo”.

Y el Frente se forma, gana las elecciones y comienza a gobernar en un país donde el poder, el poder real, continúa siendo de los monopolios. Ese frente debe, además, ir definiendo sus posturas hacia su propia estructura. Si se “radicaliza”, es decir, si avanza hacia la conformación de una sociedad más justa, parte de los sectores conservadores que en él participan se retiran del mismo, se colocan en la vereda opuesta y reniegan hasta incluso de lo que hasta pocos días antes manifestaban defender.

Si el Frente satisface exclusivamente a los conservadores (a los que sólo les interesa “conservar” sus intereses, sin pretender ir más allá) son los sectores más progresistas los que se retiran.

¿Qué determina quienes quedan y quienes se van?

La Historia (sus leyes) y la gente (las masas que resuelven aplicarlas). La historia posee sus leyes que indican claramente que es inevitable la Transición hacia una sociedad más justa. Pero la Historia no la hacen las leyes, la hacen los hombres y mujeres dispuestas a avanzar en consonancia con ellas.

Nuestra Constitución Nacional posee (y aquí no hablamos de leyes de la naturaleza sino humanas pero como ejemplo es útil), el artículo 14 bis, excelente artículo de la Ley de Leyes que nos “garantiza” una vida digna en todo nivel y a cualquier edad. ¿Y…? Tenemos la Ley, pero carecemos de la voluntad (o de la fuerza) para lograr que se aplique. Somos, a veces, más partidario de aceptar el dominio cultural que hasta se mete en los refranes populares “hecha la ley, hecha la trampa”. Una maravillosa y folclórica forma de hacernos creer que no podemos.

En la denominada “década ganada” se han producido cambios muy importantes que indica (claramente) que dentro del Frente la Transición tiende a ir consolidando los pasos realizados, proporcionando más inclusión social y mejor calidad de vida. Y por ello, por progresar, por ser el sector más progresista el que se destaca, los sectores más conservadores se sienten lesionados y se retiran del Frente, algunos con dignidad, otros con malicia y a ellos se pliegan oportunistas y traidores.

No dudo que los peores son los oportunistas y traidores, pues los conservadores siempre fueron conservadores y sólo defienden su estatus mostrando egoísmo y falta de solidaridad. Pero oportunistas y traidores no son conservadores, no defienden “sus intereses”; se venden, se entregan, constituyen grupos deleznables que han estado en el riñón de la transición y han elegido ponerle precio a su alevosía.

Y ese precio no se lo ponen a los sectores más conservadores del Frente, ni a los que se quedan ni a los que se van; ese precio se lo pasan a los monopolios, quienes los pagan con satisfacción de saber que sigue siendo cierto eso de “que cada hombre tiene su precio”. Sin dudas tienen razón, pero deberían aclarar que, a igual que ellos, los traidores no son muchos.

La defección (acción de separarse con deslealtad de una causa) es frecuente en la transición y el los Frentes, sea el de la Victoria, el Amplio, el Grande, el de Liberación Nacional o el que se llame como se llame. No sólo hay defección, también deserción (un militante que abandona sus banderas); infidelidad (dejar de ser fiel a sus principios y a los que habían depositado su confianza en él); perfidia (traición a la fe debida) y traición propiamente dicha, que es un delito cometido contra la fidelidad que se tiene obligación de guardar.

Estoy aquí afirmando dos cosas, que el traidor es deleznable, es como una cucaracha (con perdón del insecto) y por ello hay que temerle más a un traidor que a un contrincante. El traidor no ataca de frente, ataca desde dentro, por atrás y elige el arma y el momento. En nuestro caso podemos decir que el traidor se magnetiza.

La otra cuestión que afirmo es que si el Frente se debilita en una elección porque los traidores y los conservadores se van, eso no equivale a una derrota, todo lo contrario equivale a un triunfo, a un triunfo de la Historia, a un triunfo de la gente honesta, que mantiene códigos y principios. ¿No crees que sea así? Trataré de demostrarlo.

2. Los resultados de las PASO

  1. A nivel nacional el Frente para la Victoria se mantiene como primera fuerza con casi 6 millones de votos (27%).
  2. Los que por torpeza y miopía política no acompañan este proceso de cambios y se convierten en funcionales a los monopolios (Frente Progresista, UCR, Unen, Frente de Izquierda y otros) logran 5.5 millones de votos (24%); los “localistas” logran  4 millones de votos (18%); los votos en blanco y nulos son 1 millón doscientos mil (5%). Suman de manera dispersa el 47%
  3. La derecha magnetizada (Frente renovador, Unión Pro, Unión por Córdoba y otros) 5,5 millones (24%).
  4. Hay casi un 2% que no es fácil definirlo. De esa manera se llega a los 22.5 millones de votos válidos (100%)

Esta no es una elección como aquella que el Frente pierde la mayoría en las cámaras y como consecuencia el país se paraliza por la acción nefasta de los “hombres del campo” y sus aliados. En esta elección no sólo el Frente para la Victoria mantiene su mayoría sino que, al menos en diputados, la incrementa. Y la incrementa en medio de las traiciones y de los ataque irracionales de la derecha magnetizada y sus vedette: el +sa y el mercenario mayor Lanata. Un verdadero triunfo: nos desprendimos de lo podrido ganando bancas. No es poca cosa luego de una década.

Ello no significa que debamos quedarnos quietos. Todo lo contrario. En estos dos meses debemos redoblar los esfuerzos para recuperar a aquellos que están confundidos (a los analfabetos funcionales no, pues ya dijimos que son irrecuperables y –agrego- que si se “recuperan” serían potenciales traidores), ya que es mucho lo que ganaron en esta década y, por tanto, es mucho lo que van a perder si se regresa al 2001 o peor, a 1976. ¿Dónde hacer centro?  Debemos analizar dónde está la gente que hay que recuperar:

  1. +sa obtuvo 3 millones de votos de los cuales 2 son del damnificado colorado y del Pro provincial. Allí queda un millón de personas que seguramente arrastraron los punteros de los intendentes locales traidores. Estas personas, que seguramente reciben beneficios del Estado Presente deben y pueden cambiar y pasar a no autoflagelarse.
  2. 1,2 millones de votos en blanco y nulos. Ello requiere una campaña para no perder el voto, una campaña donde se muestre que no hay apolíticos, que votar en blanco es una posición política que beneficia a los que quieren que el ciudadano no actúe en ella, salvo si vota por los monopolios.
  3. Y hay 7.6 millones de personas que no fueron a votar. Considerando que todo el espectro del analfabetismo funcional anticristinista tomó esta elección como una cruzada fundamentalista, es de pensar que ellos fueron todos a las urnas (o casi todos) para darle un “escarmiento a la yegua”.
  4. Hay pues un enorme espacio para trabajar, un espacio que incluye a casi 10 millones de personas, un enorme espacio donde no hay cretinos.

LA CONSTRUCCIÓN DEBE SUPERAR A LA DESTRUCCIÓN
EL AMOR AL ODIO
EL PRESENTE AL PASADO
LA MILITANCIA  A LA TRAICIÓN
TODOS A LAS CALLES, CASA POR CASA, A CONSOLIDAR EL FUTURO.
 
Oscar Natalichio
Director
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEyS)
15/8/2013

    

No hay comentarios:

Publicar un comentario