sábado, 30 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 48

CAPITAL, CAPITALISTA Y CAPITALISMO (9)

Hemos cubierto, en ocho números, lo que es capital y sus diferentes clasificaciones y también hemos definido, sintéticamente lo que es el capitalismo, como Formación Económico Social (FES) y sus nefastas características. Nos resta definir qué es ser capitalista.

Comenzamos señalando las diferencias entre esas categorías de una manera en extremo simple:

El Capital es originado por la acumulación de plusvalía, para ser destinado a un proceso industrial con el objetivo único de obtener más plusvalía. Es, en sus diferentes pasos: a) un monto de dinero; b) una cantidad de Medios de Producción y Fuerza de Trabajo; c) una mercancía terminada que contiene todo lo descrito en el punto anterior más la plusvalía aún no realizada y d) nuevamente un monto de dinero, el que describimos en el punto a), más la plusvalía obtenida.

El Capitalismo es una Formación Económica Social, es un Modo de Producción (una manera de producir) basada en la explotación del trabajo asalariado; inmerso en relaciones de producción (relaciones entre los hombres que surgen en la producción, distribución, intercambio y consumo de bienes; relaciones entre empresarios y trabajadores).

El capitalista es una persona, que ha decidido serlo, conciente o inconciente de lo que ello significa.  La clase que integra el capitalista es la clase burguesa, es la burguesía que posee, como rasgo distintivo, la propiedad (compartida o no) de los medios de producción y sus ingresos provienen de la plusvalía que obtienen mediante la apropiación de una parte de la riqueza que el trabajador produce.  Aquí observamos que, si el capitalista vive considerablemente mejor que un obrero es gracias a la plusvalía (recuerden las deducciones de Adam Smith reproducidas en NOSOTROS O ELLOS Nº 34); y observamos, a la vez, que la plusvalía obtenida posee varios destinos, entre ellos a formar Capital y a mejorar la vida del capitalista exitoso. Pero suceden casos, no muchos, en que un capitalista como Engels, dedicara su fortuna en apoyar a un filósofo como Marx, y gracia a ese apoyo económico Marx no sucumbió en la pobreza y pudo realizar su obra cumbre. El Capital. Y ese capitalista que lo ayudó, fue, durante toda su vida, uno de los más grandes revolucionario y teóricos del socialismo científico.

El Capital no es bueno ni malo, es necesario para producir y reproducir.
El Capitalista, puede ser bueno y puede ser malo, pero no es necesario para producir.
El Capitalismo no podría ser bueno jamás, pero es una etapa inevitable de la historia, de la cual hay que salir lo más rápidamente posible pues es la única FES que posee el poder y la intensión de destruir la vida humana.

Mencionamos en varias oportunidades las dos fases por las que transitó el capitalismo y que se denominan: Fase I Capitalismo de Libre Competencia y Fase II Capitalismo de los Monopolios o Imperialismo, que es la fase por la que hoy atraviesa.

Hemos observado folletos o libros de gente situada en la “izquierda” que menciona una “tercera fase”, considerando que esa tercera fase posee como rasgo distintivo el predominio del capital financiero. Ese rasgo distintivo ya lo era en la etapa o fase monopolista y adjudicarlo a una novedosa tercera etapa es similar a que una persona que ha cumplido 50 años, decida empezar nuevamente de 20 y festeje su nuevo cumpleaños contándonos que cumple 21 y señala, como rasgo distintivo, que ahora es más delgado.

Esto que acabamos de señalar, parece no muy académico, en especial, porque no lo es. Pero repasemos los principales rasgos de la fase monopolista del Capitalismo y pensemos (que para eso está la cabeza) qué condición fundamental cambió. Pues una nueva fase es nueva pues hay cambios notables, fundamentales, trascendentales y no simples variaciones cosméticas.

Quién más estudio y profundizó sobre el desarrollo de la FES capitalista fue Vladimir I. Lenin, en especial en un trabajo denominado “El Imperialismo, etapa superior de capitalismo” En dicho trabajo, este gran revolucionario, escogió cinco rasgos de ese cambio a los que consideró fundamentales para que se produjeran. Ellos son:

La concentración de la producción y el capital se ha desarrollado hasta un grado tal que ha creado monopolios, que desempeñan un papel decisivo en la vida económica.

Aquí Lenin explica que es desde el Capitalismo de Libre Competencia donde se forma el monopolio. La libre competencia permite al más poderoso avanzar sobre los más débiles. De esa manera adquiere una característica propia, que es la concentración de la producción en grandes fábricas o cadenas de fabricación; es la concentración del capital financiero en poderosos bancos o cadenas de bancos, es la internacionalización del monopolio y de su dominio, es la socialización de las riquezas producidas por la Fuerza de Trabajo del Trabajador y, a la vez, la privatización de ese esfuerzo en cada vez menos personas. Es la vigencia de la oligarquía financiera. Obviamente, esa concentración les permite “desempeñar un papel decisivo en la vida económica”. ¿Ha cambiado esto? NO, sólo se acentúa cada vez más: más concentración y más poder para un grupo cada vez más reducido que conforman el vértice superior donde se asienta el Estado Mayor de la Gran Burguesía.

La fusión del capital bancario con el capital industrial, y la creación, sobre la base de ese capital “financiero”, de una oligarquía financiera.

Lenin, al estudiar la transición de la fase I a una fase superior, la II, observaba que otro fenómeno se desarrollaba, el de la centralización del capital; centralización que implicaba la unión de varios capitales en uno solo (ver NOSOTROS O ELLOS Nº 46) como producto de la fusión o de la absorción de empresas. Dentro de este proceso se produce la fusión de los Grandes Capitales Bancarios con los Grandes Capitales Industriales, generando con ello esa clase especial de la Gran Burguesía que se la denominó oligarquía financiera, y es la que constituye ese vértice superior del que hablamos. El capitalista (persona) que integra la Oligarquía Financiera, ese Estado Mayor que conduce el sistema, no puede ser “bueno” jamás: es, sencillamente, un criminal, un genocida, un depredador y un ser enemigo de todo lo humano. ¿Ha cambiado esto? NO, sólo se acentúa cada vez más. Todos los días observamos que el proceso de fusiones de empresas y de absorciones continúa. Ello lleva, en el 2013, a que el 0.7% de la población mundial posea el 43% de la riqueza que en el mundo, anualmente, se genera. (N.O.E. Nº 36).

La exportación de capitales, a diferencia de la exportación de mercancías, adquiere excepcional importancia.

Lo señalaba Lenin con claridad cuando ese proceso recién se iniciaba. Hoy es el que se “mueve” especulativamente por todo el orbe. No es una novedad, es que, a medida que el tiempo transcurre, el capital financiero, parasitario y depredador, que no produce plusvalía sino que se alimenta de la especulación y el saqueo, es cada vez mayor y, en especial, es el arma más mortífera en manos de esa oligarquía financiera. ¿Ha cambiado esto? NO, sólo se acrecienta cada vez más y ello, dentro de la FES capitalista es inevitable. Cómo se forma y por qué no se evita lo demostraremos más adelante, ahora diremos que, para ser efectivo su carácter depredador, el capital financiero debe desarrollarse en todo el planeta por diversos canales y esa circulación ya comenzaba a superar, en valor, hace dos siglos atrás, a la de las mercancías.

La formación de asociaciones capitalistas monopolistas internacionales que se reparten el mundo.

Ford Motor Argentina no se llama así porque es argentina, sino para saber dónde se encuentra esa particular “inversión” del monopolio Ford. En cada país recibe un complemento con el nombre del mismo. Ford y todas las que le siguieron fueron ocupando territorios en todo el planeta. La competencia interimperialista puede sacar a un “actor” para reemplazarlo por otro. Los Estados burgueses más progresistas pueden “nacionalizar” determinadas actividades productivas, pero el proceso de copamiento de las principales fuentes de riqueza del mundo se fue acentuando hasta 1917, cuando la Gran Revolución de Octubre dio inicio a la crisis estructural y terminal del capitalismo. ¿Ha cambiado esto? NO, sólo se ha acentuado y, al comenzar la crisis estructural, se ha agudizado la violencia y desesperación del imperialismo pues ve mermados los territorios donde antes operaba con impunidad total.

Ha culminado el reparto territorial de todo el mundo entre las más grandes potencias capitalistas.

Esto ocurrió entre los siglos XVIII y XIX. Pero existían potencias capitalistas que llegaron tarde al saqueo internacional. Y por ello se quedaron sin territorio donde colocar sus excedentes de mercancías y de capitales. Para obtener espacio no había otro camino que desalojar al ocupante y reemplazarlo. Los medios “diplomáticos” no sólo no alcanzaban sino eran demasiado lentos, por ello la guerra aparecía como una herramienta eficaz. Millones de seres humanos fueron asesinados, mutilados, despojados, saqueados por ese afán de ganar mercados a toda costa para seguir acumulando riquezas. ¿Ha cambiado esto? NO, sólo se ha acentuado y, si las guerras no son mundiales, no por ello dejan de existir países ocupados militarmente y guerras localizadas. Aún así, el peligro de una guerra mundial existe, y ello ha llevado a China Comunista a construir el más poderoso ejército defensivo que existe hoy en el mundo, con la tecnología más avanzada y un nivel de conciencia y organización que no puede lograr el imperialismo, pues la cohesión  la mantiene por medio de mercenarios o drogando a sus integrantes.

Uno puede preguntarse: ¿cómo es posible que Lenin observara con tanta claridad procesos que se iban a desarrollar decenas de años después? Simplemente diremos, en esta parte, pues después abordaremos esta cuestión más detalladamente, que Lenin era marxista, lo que es de por sí una obviedad. Pero de obviedades están hechos muchos caminos. Igual vamos a anticipar que la filosofía marxista (científica) ha producido una verdadera revolución en la Historia de la filosofía. Hasta Marx, la filosofía en su conjunto, de Tales a Hegel, de todos los materialistas y todos los idealistas, se concentraban en dar una explicación, coherente o no, de lo que era y había sido el mundo, a partir de la filosofía marxista, además de entender la historia, se plantea transformarla. Y, lo más importante: ese “entender” contiene la posibilidad de prever que es lo que va a suceder en el futuro. Al utilizar el marxismo como herramienta de análisis, Lenin pudo prever los nefastos efectos que el imperialismo produciría sobre nuestro planetas, no todos esos efectos, no en detalles menores, pues no fue un “adivino”, sino un genial estadista que estudiaba profundamente la realidad y observaba hacia adonde se dirigía el planeta mediante la acción política de las grandes mayorías cuando éstas adoptan la filosofía y la ideología que corresponde a sus reales intereses y se desprenden del dominio cultural al que son constantemente sometidos.

Oscar Natalichio
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEYS)
30/11/2013



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