domingo, 10 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 38

TRABAJO, FUERZA DE TRABAJO Y SALARIO (4)

Seguimos con la clasificación de la categoría “trabajo” que iniciáramos en la entrega Nº 34 y continuáramos en la 36 y 37 donde desarrollamos: 1. el trabajo en función del momento en que se realiza; 2. el trabajo en función del valor; 3. el trabajo en función del conocimiento necesario para ejecutar la tarea;  4. el trabajo en función de la cantidad de producto necesario; 5. el trabajo en función de la distribución de la riqueza. Ahora finalizaremos con las tres restantes clasificaciones:

6. El trabajo en función de la propiedad. Se lo subdivide en: trabajo privado y trabajo social. Habíamos señalado que la fuerza de trabajo es, en el capitalismo, una mercancía y que ella se vende en el mercado laboral a un capitalista o propietario de los medios de producción que la requiere para poner en movimiento esos medios de producción y con ellos, más esa fuerza de trabajo, crear un nuevo bien que pueda vender, cobrar y obtener así el incremento del capital inicial (la plusvalía). Decíamos que esa mercancía, fuerza de trabajo que posee el trabajador, su capacidad y sus conocimientos, son propias del trabajador y éste la lleva consigo, vaya a donde vaya, incluso a la tumba donde desaparece con él. Por lo tanto es “privado” aunque carezca del derecho de fijarle precio a esa mercancía que vende en el mercado laboral. Pero ese trabajo es mayormente privado cuando se trata de productores de mercancías aislados, independientes, como en el caso del que producía empanadas, ya que no sólo es dueño de su mercancía, fuerza de trabajo, sino también de los medios de producción: materia prima (harina, etc.) y maquinarias (cocina, etc.) Es allí donde más claramente se manifiesta el trabajo privado, pues hace de toda la producción un asunto privado. Pero todo es relativo, pues el que va ha aceptar y adquirir su producción es el mercado social, lo que significa que, aún siendo totalmente privado, lo producido de esa manera debe resolverse en la sociedad. Vemos en este ejemplo que el trabajo privado, en su generalización, es también social, más veladamente social en el caso del que produce individualmente, siendo a la vez propietario de los medios de producción. Pero ya no es veladamente social si el trabajador es parte de una línea de producción, consecuencia de la división social del trabajo, pues en ella se encuentra el origen del carácter social de su fuerza de trabajo: lo que se produce en la línea no es en sí una mercancía y no posee valor de uso si no se ensambla con los que otros producen en esa misma línea o en otra. Además, esos trabajadores de esa línea, que en su conjunto hacen el nuevo bien (la nueva riqueza) también van a necesitar que ese nuevo bien sea reconocido como tal por la sociedad, que le sea útil a ésta o a una parte de ésta. ¿Cuál es la importancia de esta clasificación? Es la contradicción que existe entre el trabajo privado y el social. En esa contradicción se manifiesta que el trabajo privado se hace cada vez más social, pero pese a ese carácter social de la producción, la riqueza creada, por ese carácter social, se hace más privada al apropiarse de ella los capitalistas, al apropiarse de los resultados del trabajo privado del trabajador, al apropiarse de su fuerza de trabajo ¿Cómo? Pagándole menos, cada vez mucho menos, de la riqueza que con sus gastos de energía física e intelectual produce. No se trata de una cuestión menor.

7. El trabajo en función del lugar que ocupa en la producción.  Aquí vamos a señalar que lo hemos clasificado en dos áreas: en el área de la producción propiamente dicha lo denominamos trabajo productivo. El trabajo productivo es donde se integra tanto el trabajo necesario como el plustrabajo y es, por tanto, fuente de donde surgen el producto necesario y el plusproducto. Pero hay un trabajo que no surge del área de la producción, que no produce el plusproducto, pero necesita de él para poder desarrollarse, para poder existir socialmente. Lo podríamos definir, inicialmente como trabajo que no surge del área productiva, que requiere del plustrabajo. Pero su misión no es de efecto neutro en la producción ya que, mientras más eficiente sea este trabajo “no productivo” más eficiente serán los resultados en lograr obtener un plusproducto mayor. Nos estamos refiriendo al trabajo que no produce bienes materiales pero cuyas actividades están encaminadas a la solución de otras necesidades de la sociedad como son la salud, la enseñanza, la cultura, la administración de lo social, etc. ¿Porqué es necesaria esa división?  Porque desde el trabajo productivo, de los excedentes que éste produce, se logra el sostenimiento de las personas que se dedican a esas funciones. Esas demandas sociales, en especial en los sistemas socialistas, no son resueltas milagrosamente, sino con los excedentes del trabajo (plustrabajo) que el Estado toma para llevar adelante esas mejoras sociales y espirituales. De allí se deriva que, cuando más eficiencia se logre en el trabajo productivo, tanta más eficiencia se logrará en el área no productiva. Si, además, observamos que el sector “servicios” crece cada vez más, las coberturas mencionadas deben necesariamente contar con más y más recursos. Esos recursos crecientes que surgen de la “productividad” van, en la sociedad capitalista, no a la mejora de la calidad de vida de la sociedad, sino como plusvalía que enriquece más a los ya ricos.

8. El trabajo en función de su ubicación en la historia. Habíamos mencionado que el trabajo vivo, una vez concluido, se materializaba dentro del bien terminado. Decíamos, que si nos sentamos en una silla de madera, no nos sentamos únicamente sobre la madera, sino sobre el trabajo vivo materializada en ella que le dio forma de silla. De otra manera tendríamos que sentarnos sobre un tronco no espinoso ni muy irregular. Es decir, hay un trabajo materializado en el producto que clasificamos como trabajo pasado, en oposición al vivo. Pero no todo trabajo vivo se materializa en un bien. En este caso el trabajo que realizan los investigadores, los científicos, los que elaboran tesis y teorías que quedan registradas en libros o manuscritos para que sean utilizados en algún momento, sea para desarrollar un nuevo producto de consumo o, más que nada, un nuevo instrumente (herramienta, maquinaria, sistema, etc.) destinado a producir con mejor calidad y más eficientemente, lo que ayuda a hacer el trabajo más placentero y a generar más plusproducto. Siempre debemos considerar que lo de “más placentero” y de mayor “plusproducto” es una realidad mutilada por la apropiación (saqueo, robo) que el sistema capitalista hace del esfuerzo social. El trabajo no materializado y acumulado como conocimiento, es el resultado de la experiencia histórica creciente, del trabajo que surge cuando el primer hombre-mono vislumbró que una piedra afilada podía ayudar a cortar su presa, o cuando cientos de años después descubrió que con un mango podía inventar el hacha, cortar leña o defenderse. Y así continuó hasta nuestros días con los enormes avances científico técnicos y del conocimiento en general. Avances que en algún momento se materializan, sin desaparecer, en la construcción de nuevas herramientas o de nuevas materias primas. ¿Cuál es la importancia de esta clasificación? Saber que hay un conocimiento que surge de la historia y del trabajo, que es propiedad de la humanidad y que es usurpado por las corporaciones como si fuesen ellas las dueñas de la historia.

El trabajo, ese proceso que se realiza entre las personas y la naturaleza, en el cual las personas modifican los objetos de la naturaleza de modo tal que éstos puedan satisfacer sus necesidades, ha sido determinante en separar al hombre del reino animal y determinante para que éste llegase a pensar. Federico Engels, en uno de sus notas. “El papel del trabajo en la transformación del mono en hombre”,  escribía:

“Sobre la base del trabajo común, sobre la base del agrupamiento necesario de hombres-monos que dicho trabajo común exigía, se fueron estableciendo relaciones sociales que hicieron posible el surgimiento de un lenguaje fónico articulado y el pensamiento. El desarrollo del trabajo, al multiplicarse los casos de ayuda mutua y de actividad conjunta, y al mostrar así las ventajas de esa actitud conjunta para cada individuo, tenía que contribuir forzosamente a agrupar aún más a los miembros de la sociedad. Los hombres en formación llegaron a un punto en que tuvieron necesidad de decirse algo los unos a los otros… La necesidad creó un órgano: la faringe poco desarrollada del mono se fue transformando, lenta pero firmemente, mediante modulaciones que producían a la vez modulaciones más perfectas, mientras los órganos de la boca aprendían, poco a poco, a pronunciar un sonido articulado tras otro”.

Vamos ahora a resumir esas ocho clasificaciones que hicimos de la categoría “trabajo”.

  1. En función del momento en que se realiza
    1. Trabajo vivo (produce el nuevo bien y su valor)
    2. Trabajo pasado (se materializa en el bien producido)
  2. En función del valor
    1. Trabajo concreto (el oficio que produce el bien con valor de uso)
    2. Trabajo abstracto (unidad de medida de cualquier bien, de donde surge el valor)
  3. En función del conocimiento necesario para ejecutar la tarea
    1. Trabajo simple (no calificado, no requiere preparación especial)
    2. Trabajo complejo (requiere preparación y experiencia.  X cantidad de trabajo simple)
  4. En función de la cantidad producida
    1. Trabajo necesario (sin excedentes que se puedan acumular. Todo se consume)
    2. Plustrabajo (excedentes que mejoran la calidad de vida o enriquecen a pocos)
  5. En función de la distribución de la riqueza producida
    1. Salario (parte de la riqueza producida por el trabajador que el capitalista “reconoce”)
    2. Plusvalía (parte que no reconoce y se apropia de ella. Salario + plusvalía =  riqueza)
  6. El trabajo en función de la propiedad
    1. Privado (la fuerza de trabajo y la producción individual)
    2. Social (Todo trabajo sólo puede realizarse y ser reconocido en el mercado social)
  7. El trabajo en función del lugar que ocupa en la producción
    1. Productivo (De donde surge el producto necesario y el plusproducto)
    2. No productivo (Se desarrolla con el plusproducto y atiende necesidades sociales)
  8. El trabajo en función de su ubicación en la historia
    1. Materializado (Es el que se incorpora al bien que se va a utilizar o consumir)
    2. No materializado (Teorías, tesis y el conocimiento en general del que disponemos)

Sintetizamos algunos de los conceptos utilizados:

  1. Trabajo:  un proceso que se realiza entre el hombre y la naturaleza
  2. Fuerza de trabajo: la capacidad de las personas para ejecutar una tarea
  3. Valor: Trabajo social de los trabajadores materializado en las mercancías
  4. Valor de Uso: Propiedad que posee una mercancía o cosa de satisfacer una necesidad
  5. Valor de Cambio: Forma con que se manifiesta el Valor en el acto del intercambio
  6. Precio: Expresión monetaria del Valor de las mercancías en el mercado social global
  7. Precio de Monopolio: Forma especulativa por la cual obtienen ingresos extraordinarios

Hemos llegado al punto final de nuestro recorrido sintético sobre la categoría trabajo. En las próximas entregas tomaremos para analizar la categoría “capital”. Es lógico que comencemos con “trabajo” pues, como anticipo diremos que, el capital, no es otra cosa que trabajo acumulado del trabajador apropiado por el capitalista.

Oscar Natalichio
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEYS)
09/11/2013

sábado, 9 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 37

TRABAJO, FUERZA DE TRABAJO Y SALARIO (3)

Continuamos con la clasificación de “trabajo” que iniciáramos en la entrega Nº 34 y continuáramos en la 36,  donde desarrollamos: 1. el trabajo en función del momento en que se realiza; 2. el trabajo en función del valor; 3. el trabajo en función del conocimiento necesario para ejecutar la tarea y 4. el trabajo en función de la cantidad de producto necesario. Ahora continuaremos con las restantes clasificaciones:

5. En función de la distribución de la riqueza producida. Toda la riqueza de bienes y servicios, materiales y espirituales que existe, es producida por el trabajador. Cada año se producen los bienes necesarios para mantener el ritmo de la vida humana tanto para el consumo personal como para el productivo. Se suele medir esa riqueza producida, en cada país, a través de indicadores como el PIB (Producto Interno Bruto). Independientemente de la metodología que se utilice, la riqueza nueva que se genera cada año es fruto de la aplicación de la fuerza de trabajo (vivo o pasado) del trabajador. “Vivo”, por que está creando permanentemente un nuevo bien y “pasado” porque está utilizando el trabajo vivo anterior que se materializó en las maquinarias, herramientas e instalaciones, que le permite ahora realizar el gasto de energía física e intelectual con más eficiencia y menos rudeza. Esa nueva riqueza que el trabajador con su trabajo vivo produce (la que contiene trabajo pasado ya se computó cuando éste era vivo en esa oportunidad) se “distribuye” en sólo dos conceptos, uno va como salario y otro va como ganancia (plusvalía). El salario lo percibe el trabajador y la plusvalía se la apropia el propietario de los medios de producción. Un compañero señalaba, comentando lo que afirmábamos en el NOSOTROS O ELLOS Nº 36, que habría que señalar que el plustrabajo es la parte no paga al trabajador. Le respondí que puede o no serlo. Ahora lo desarrollamos para evitar confusiones: si el plustrabajo es la parte no paga se confunde con plusvalía (ganancia) y, paralelamente se puede confundir salario con trabajo necesario. Sin embargo parecen parecidos pero no lo son. Como veremos más adelante, la plusvalía es la parte del salario que no percibe el trabajador por sus tareas, y el salario es lo que ha logrado conseguir, ya que, como decíamos antes, el trabajador “vende” su fuerza de trabajo al capitalista, pero es éste el que le fija el valor. Situación atenuada cuando el trabajador se agremia y mediante la unidad y la lucha obtiene mejoras temporales que “arriman” un poco a lo que se le debería reconocer (paritarias, acuerdos internos, etc.) Podemos señalar que, en el capitalismo, hay una gran mayoría de personas cuyos salarios están por debajo del “trabajo necesario”. Esto quiere decir que con un salario de 8 horas no pueden cubrir sus necesidades básicas de él y su familia y, o tiene que estirar la jornada, o tiene que buscar otro empleo complementario o tiene que enviar a otro miembro de la familia a trabajar para no pasar necesidades. También hay otro grupo de trabajadores, menor en cantidad, cuyo salario supera al “trabajo necesario” pues logran ingresos superiores a los necesarios para mantener una vida digna. Generalmente esos trabajadores, muchos de ellos profesionales, conforman una capa social, denominada media alta, que desarrolla sus tareas en empresas donde se aplica la más avanzada tecnología en la producción, de esta manera se produce esta aparente contradicción: ganan mejor a la vez que son más explotados. Recuerden esta afirmación ya que más adelante hablaremos de “salario relativo” una categoría tan real como el planeta pero la más ocultada de todas por los economistas burgueses y sus acompañantes pequeños burgueses, algunos de los cuales son tan limitados como audaces ya que suelen titularse marxistas. Regresando al punto de esta clasificación podemos decir que salario + plusvalía (ganancia) = PIB (nueva riqueza generada por el trabajador durante un año) y no hay más que contar. El Estado se nutre de impuestos que surgen del salario y de la ganancia, y los especuladores se nutren de los salarios, reduciendo su poder de compra y de las ganancias, absorbiendo a otros capitalistas más débiles o cansados de explotar. Veremos más adelante cómo el Estado recauda más de los salarios (impuestos indirectos) que del capitalista (impuestos directos). Pero ahora damos un ejemplo para poder demostrar lo que anteriormente señalábamos: Uno de ustedes decide (por la razón que sea) producir en su casa empanadas y venderlas al vecindario. ¿Qué necesita? Materia prima que sería harina huevos jamón y queso (para simplificar suponemos que es el único tipo de empanadas que va a elaborar), necesita una cocina con horno, asaderas y bandejas descartables donde colocarlas. Necesita un recetario donde le indique cómo es el proceso (puede ser escrito o llevarlo en la cabeza) y… necesita lo más importante, que es tomar la harina, los huevos, agua y aceite y hacer la masa, luego tomar el queso y el jamón, cortarlo y de esa manera tener el relleno, luego juntar el relleno dentro de la masa previamente cortada en círculo, luego prender el horno, colocar en la bandeja metálica las empanadas y cuidar que no se quemen, sacarlas, esperar que se enfríen, ponerlas en las bandejas y salir a venderlas (y cobrar). Todas estas operaciones conforman el trabajo vivo, trabajo que ha logrado que bienes dispersos se convirtieran en un nuevo bien, con un nuevo valor de uso, ya que a mucha gente le gusta comer empanadas. Vamos a decir que el “costo” de la materia prima, más la de los materiales necesario, más el gas, la luz, el agua, más la amortización de la cocina, etc. es, por docena, de 25 pesos. El vecindario consume esas empanadas que usted le vende a 40 pesos la docena. Son ricas y no tan caras. ¿Qué respondería si alguien le pregunta que está haciendo? Empanadas ¿Cómo te va con ello? Bien ¿Cuánto ganás? 15 pesos por docena (40 menos 25). ¿Qué representan esos quince pesos? EL NUEVO VALOR INCORPORADO A LOS ANTERIORES VALORES. ¿Y quién produjo ese nuevo valor? El que hizo las empanadas. ¿Con qué? Con su fuerza de trabajo, con su trabajo vivo. ¿Es ganancia? No, sucede que decir “gano 15 pesos por docena es simplemente dar una respuesta no correcta pero habitual. Los 15 pesos es el resultado del esfuerzo por hacer las empanadas, es la retribución y es el valor reconocido por la sociedad (en este caso el vecindario). Alguien le dice, le aconseja, que le iría mejor (ganaría más) si vende la docena a 60 pesos, de esa manera “ganaría” no 15 sino 35 pesos por docena. Si le hace caso, en seguro que en el vecindario dejan de comprarle las empanadas y, además, comentarían: “este está loco, se quiere hacer rico a nuestra costa, cómo si no supiéramos lo que sale de costo una empanada.” Pero no sigue el consejo y continúa “ganando” 15 por docena. Y le va bien, tan bien que no da a basto, entonces decide tomar un empleado y elije a una vecina lindera. ¿Querés hacer empanadas para mí, yo te proveo de todo lo necesario y vos las hacés en tu casa, sin moverte? Bueno, responde alegre la vecina que piensa que va a contar con un ingreso y con timidez le pregunta ¿cuánto voy a “ganar”?  Te voy a pagar 8 pesos por docena. Cierto es que la vecina no sale a venderlas y cierto es también el que usa su espacio y su cocina, suponemos que ambos conceptos se equiparan, ¿qué está sucediendo? Que ahora no todo el nuevo valor es salario, desde que esa vecina (y luego otras y luego el local y luego una fábrica) se incorporó, el nuevo valor se bifurca, una parte como salario y otra, que es salario, se convierte en plusvalía o ganancias del empresario. Este ejemplo, el de producir empanadas, es una abstracción que permite ver el fenómeno sin complejidad, así es la producción en el sistema. Se produzcan aviones, o represas o viviendas, en proceso interno es exactamente el mismo que el de las empanadas.

Ahora vamos a analizar cada uno de los dos únicos componentes (trabajador-empresario) que reciben inicialmente la nueva riqueza, producida sólo por uno de ellos: el trabajador.

El salario se puede clasificar en Nominal (se refiere a la cantidad de pesos que el trabajador percibe como “remuneración”), Real (se refiere a lo que con ese salario nominal puede adquirir en bienes y servicios) y RELATIVO sobre el que nadie habla y veremos por qué.

Puede (y sucede frecuentemente) que el trabajador tenga, a través de los años, un salario nominal cada vez mayor y puede que, pese a ello, su salario real (y eso también ocurre frecuentemente a través del tiempo) sea menor, es decir, su capacidad de compra sea menor. Gana más en pesos y compra menos bienes con esos pesos. Algunos economistas le atribuyen a la “inflación” este grave acontecimiento para la calidad de vida del trabajador, pero si somos fieles al análisis deberíamos darnos cuenta que, en todo caso, esa “inflación” es voracidad empresaria, ya que un incremento de salarios sólo afecta a las “ganancias”. Pero el empresario no quiere ganar menos y por ello incrementa los precios que equivale a mantener bajo el salario, hasta más bajo que antes en muchas ocasiones. Y le llama inflación cuando es carestía. De la “inflación” somos los propios afectados los culpables, sólo por “pedir desmedidos aumentos de sueldos” De la carestía, el verdadero fenómeno, el responsable es la corporación formadora de precios, el monopolio, el empresario que no quiere perder su cuota de ganancias. Entonces ¿debemos combatir la inflación o debemos combatir la especulación y la voracidad de los formadores de precio? ELLOS están muy cómodos cuando se busca la solución en donde no está el problema y por ello, con sus medios a la cabeza, colocan a la inflación como el mal mayor cuando, en realidad son ELLOS lo que generan esa inequidad. ¿Quién es la inflación? Yo, vos, todos… ¿Quién es la carestía? Una centena de empresas formadoras de precio, todas conocidas, todas con ejecutivos con nombres y apellidos. Culpar a los 40 millones de habitantes por lo que hacen no más de mil personas es una estupidez que sólo puede estar vigente porque gran parte de esos 40 millones se pasan a defender, inconcientemente, a los formadores de precio. Es el dominio cultural que generan los grandes y concentrados medios de comunicación social en poder de los monopolios.

Ahora incursionaremos en el ocultado SALARIO RELATIVO. Esta clasificación es la más importante en la distribución de la riqueza ya que, la tendencia en el modo de producción capitalista es que: a medida de que se desarrolla el conocimiento científico-técnico y ese conocimiento es utilizado para aplicarlo en la producción de bienes y servicios (sistemas computarizados, robots, herramientas sofisticadas, etc.) el salario relativo es cada vez menor. Y se da un efecto aparentemente paradojal: los trabajadores en donde el trabajo relativo cae más rápidamente, índice de que son los más explotados, son, a la vez, los que mejores salarios perciben y con ello mejoran tanto el salario nominal como el real. ¿Qué, dilema, no? Utilicemos la abstracción (es decir: el cerebro): supongamos que hay en nuestro Chaco un hachero al que su patrón le ha dado como herramienta un hacha y un machete. El machete para que se “adentre” en el monte y el hacha para que tale quebrachos, madera muy dura. El hombre se sumerge en el bosque enfrentando los molestos insectos, las peligrosas víboras, soportando el ardiente calor y, con su destreza, logra derribar 10 árboles de quebracho por día. Como paga recibe el equivalente a tres de ellos, un 30% de lo producido. Imaginemos la paga. El patrón vende cada palo de quebracho a 40 pesos cada uno, es decir, 400 pesos por día, de los cuales su “costo” es el salario de 120 pesos diarios que se convierte en 3.000 pesos mensuales por las 25 jornadas que debe realizar (salario que resolvió fijarle al trabajador: ese 30% que mencionamos). Paralelamente, una multinacional obtiene que el gobierno provincial le ceda  unos cuantos kilómetros cuadrados de monte virgen donde hay un gran quebrachal. La multinacional trae una máquina que funciona con un solo conductor, con aire acondicionado, asiento anatómico, música funcional, botiquín con suero anti ofidio, heladera con bebida fresca y comida, detector de alimañas, etc. El conductor (el nuevo “hachero”), con su máquina y sin esfuerzo, logra talar por día 100 quebrachos y percibe un salario de 9 mil pesos, ¡tres veces superior al del hachero! Esos 100 quebrachos le reportan (manteniendo el precio de 40 pesos cada uno), a la multinacional, 4 mil pesos diario y el operador de la máquina recibe 360 pesos diarios. ¡RECIBE EL 9%  DE LA RIQUEZA PRODUCIDA! Pero recibe: ¡tres veces más salario siendo, simultáneamente,  tres veces más explotado! ¿Quién se lo dice?

Esta explotación no es neutra y, si bien “beneficia” al trabajador en comparación con el otro trabajador acelera la inequidad en la distribución de la riqueza en el país y en el mundo, pues permite acumular enormes sumas de riquezas a pequeños y poderosos grupos. ELLOS, al apropiarse de los conocimientos científicos, hacen al mundo cada vez más injusto. Obtiene más plusvalía.

Y hablando de plusvalía solamente diremos, en este escrito, que más adelante desarrollaremos las tres forma en que se manifiesta (las tres formas de explotación): la absoluta, la relativa y la extraordinaria, y cómo se comportan en la práctica.

Oscar Natalichio
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEYS)

jueves, 7 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 36

TRABAJO, FUERZA DE TRABAJO Y SALARIO (2)

Continuamos con la clasificación de “trabajo” que iniciáramos en la entrega Nº 34 donde desarrollamos el trabajo en función del momento en que se realiza; el trabajo en función del valor y; el trabajo en función del conocimiento necesario para ejecutar la tarea. Ahora continuaremos con las restantes cinco clasificaciones:

  1. En función de la cantidad producida en base a lo necesario: El denominado trabajo necesario es el tiempo invertido por el trabajador (su fuerza de trabajo) durante el cual éste crea el producto necesario. Ese producto necesario lo es, pues debe ser destinado a satisfacer sus necesidades básicas personales y las de su familia; y también para la reproducción de la fuerza de trabajo, ya que el trabajador no va a trabajar toda su vida, ni lo hace de pequeño y el explotador necesita que haya siempre trabajadores. Existe, al menos formalmente, una denominada Población Económicamente Activa (PEA) que ocupa la franja que va de los 16 años a los 65. Si esa PEA produjera sólo para el trabajo necesario, el trabajador y su familia tendría garantizado el producto necesario para vivir muy modestamente, habitando una vivienda, alimentándose razonablemente, teniendo hijos (futura fuerza de trabajo), teniendo acceso a la educación y a la salud, a la cultura y al deporte, etc. Pero no habría excedentes de bienes. Para que los haya se requiere producir más de lo elementalmente necesario y esto surge del plustrabajo. Entonces: ¿qué es plustrabajo? Es también el tiempo invertido por el trabajador (su fuerza de trabajo) durante el cual crea una producción mayor a la necesaria que es denominada plusproducto. Dicho desde otro ángulo, el plusproducto está compuesto por el conjunto de bienes materiales que surgen de la esfera de la producción y de los servicios, y que se colocan por encina del producto necesario. Parece un juego de palabras, pero no lo es. En principio diremos que el trabajo necesario para obtener el producto necesario posee un fuerte contenido político y económico. En la sociedad primitiva todo era trabajo necesario: se cazaba, pescaba, recolectaba, sembraba sólo para alimentarse, vestirse y poder armar un refugio. Sin excedentes producidos por el plustrabajo (sin reservas para los malos tiempos), la sociedad se veía desvalida frente a los fenómenos naturales. Cuando surge la sociedad esclavista comienzan a producirse excedentes, es decir, comienza a desarrollarse el plustrabajo, pero gran parte de esos excedente es originado por la explotación brutal a los productores, sean éstos esclavos, artesanos o campesinos libres, quienes se ven obligados a vivir (sobrevivir) con un trabajo necesario acotado por la clase aristocrática. Allí el plustrabajo iba destinado exclusivamente a alimentar a esa clase dominante y parásita, a mantener sus refinados gustos y a sostener sus falanges y guerras. Hasta el día de hoy, en las sociedades divididas en clases antagónicas, ello continúa, no sólo siendo válido, sino que la brecha entre el que usufructúa el plustrabajo y el que produce el plusproducto, en mil veces superior al de esos amos que sometían al esclavo esclavizado, al artesano o al campesino. Y no es una redundancia decir esclavo esclavizado, pues en el feudalismo es esclavizado el siervo de la gleba y en el capitalismo es esclavo el asalariado, con distintos grados de “libertad” pero cada vez más explotado y menos conciente de que lo es. El trabajo necesario debería ser un equivalente a un salario que cubra todas las necesidades razonables de una familia trabajadora y está en función de la época en que se produce. A medida que surgen nuevos productos y servicios, éstos se deberían ir incorporando al trabajo necesario. Ello significa que el trabajo necesario se extiende en función de las nuevas necesidades que van surgiendo. Pero el explotador se encuentra con un dilema, si todo trabajo se circunscribe al necesario, no hay plusvalía (no hay riqueza para apropiarse de ella) y si no vende los nuevos bienes que están en su poder por ser el “propietario” de los bienes de producción, tampoco obtendría plusvalía. La solución a este dilema la logra, en parte, mediante la desigualdad social: una porción de la población sobrevive con lo estrictamente elemental o menos (más de 800 millones de seres humanos no alcanzan a consumir las calorías mínimas diarias necesarias para desarrollarse, la mayoría son niños), otra parte, en condiciones de trabajar no encuentra trabajo, son 202 millones de personas, entre ellas 73,5 millones (un 36%) son jóvenes. Éstos desocupados están, en su mayoría, dispuesto a tomar cualquier trabajo en cualquier condición y de allí surge ese “ejército de desocupados” que le posibilita al explotador utilizarlo para reducir o no incrementar los salarios de los ocupados. Por otra parte no es malo el plustrabajo ya que con esos excedentes se podría mejorar notablemente la calidad de vida de toda la sociedad y ello no es necesariamente sinónimo de mayor explotación, sino un sendero necesario para mejorar la calidad de vida de todos los trabajadores. Claro que para que ello ocurra hay que transitar hacia otro sistema. En el capitalismo ello significa lo contrario y por lo tanto, aparecen fenómenos reales como éste: el 0.7% de la población mundial es propietaria del 43% de la riqueza mundial y, saltando ese sector medio alto y tan perturbador (saltando ese 7.7% de la población que se lleva un 40% sin merecerlo), el 91.6% de la humanidad sólo posee el 17% de la riqueza mundial. Y es una tendencia que continúa. Pues la productividad aumenta cada vez más y ello lleva a que el plusproducto aumente cada vez más y que las ganancias de los monopolios aumenten cada vez más. Ello lleva también a que la lucha de clases, entre explotadores y explotados, se encuentre en condiciones objetivas de aumentar y de pasar de la lucha reivindicativa-social (por mejor salario) a la política (por el poder). De esa manera, el plusproducto, derivado del plustrabajo, garantizaría una excelente calidad de vida a todos los trabajadores, a sus familias y cubriría las necesidades de aquellos que por edad o por impedimentos varios, no pueden trabajar pero deben vivir con dignidad. Es esta una de las razones por la que estas categorías son poco o nada nombradas en nuestros centros de estudios. Damos un ejemplo sobre un rubro alimentos: la producción de cereales (no incluye soja): en el 2011 fue de 2.555 millones de toneladas, en un mundo que alcanzó los 7 mil millones de habitantes. Ello equivale a 365 kilos anuales por habitante, o sea 1 kilo por día por persona tenga ésta un mes o cien años de edad. Por familia tipo ello equivale a 4 kilos diarios ¿Quién comería tamaña cantidad diaria de cereales? Falta computar las demás fuentes de alimentación y ya podemos hacernos la idea que hay alimentos para todos y sobra. Hay trabajo necesario y plustrabajo. Entonces… ¿de dónde surgen tanta hambre, tanta pobreza, tanta miseria y tantas angustias?

Vemos, durante el desarrollo de las categorías, como surgen eslabonadas otras que poseen la misma importancia: de trabajo necesario (el esfuerzo básico para sobrevivir) surge el producto necesario (los bienes básicos para sobrevivir) y de plustrabajo (tiempo de trabajo adicional al necesario) surge el plusproducto (bienes y servicios creados por encima del producto necesario).

Vemos también que trabajo necesario posee características dinámicas, es decir, se modifica su composición interna en función de la época en que vivimos y, más fundamental, en el modo de producción en el que desarrollamos nuestras tareas. El trabajo necesario implica obtener con él las cosas necesarias para una vida decorosa y esas cosas cambian (favorablemente) con el tiempo, pero cuando el trabajo necesario se enfrenta a sistemas de explotación como lo fueron el esclavismo y el feudalismo y lo es el capitalismo, estos sistemas lo limitan y el trabajo necesario ya no puede ser cubierto por una sola persona en la enorme mayoría de los casos, de allí que, muchas de las cosas necesarias quedan fuera del alcance del trabajador.

Como podrán deducir, es “lógico” que en la formación académica estas categorías tan importantes no se traten, ya que en ellas está la explicación de la monstruosidad del sistema capitalista. En el próximo NOSOTROS O ELLOS desarrollaremos el trabajo en función de la distribución de la riqueza. Esa función nos va a ayudar a responder los interrogantes que nos planteamos en esta, y mucho más.

Ahora desarrollaremos un tema necesario de ser aclarado. Hablamos, en todo estos desarrollos, de “categorías” y nos parece necesario definir qué son las categorías.

Como siempre nos sucede, es difícil describir una palabra cuando esta está compuesta con el significado de otra. En efecto: podríamos decir que las categorías surgen de los conceptos más generales del pensamiento. Para el diccionario, formar conceptos es determinar algo en la mente después de examinadas las circunstancias. Y, al menos esta vez, nos parece una definición sensata, más cuando en algunas acepciones de esta palabra encontramos: “Idea que concibe o forma el entendimiento”; “pensamiento expresado en palabras” y otras pues son ocho.

Victor Afanasiev nos advertía que, si bien el cuadro de los sentidos es “extraordinariamente rico y pintoresco”, es, a la vez, “limitado y muy incompleto”. Afirmaba, este gran filósofo, que el conocimiento sensitivo nos da sólo “la impresión de algunos aspectos exteriores de las cosas”. Y resumía esa apreciación de esta manera: “la cognición sensual no puede dar a conocer la naturaleza interna de las cosas, su esencia, las leyes del desarrollo”

Podemos afirmar que los fenómenos que no se manifiestan en nuestros sentidos, su construcción interna, las leyes que lo producen, surgen a la luz del conocimiento, conocimiento que se apoya en el pensamiento abstracto o lógico. La cognición lógica es una fase superior de la evolución del conocimiento y se construye en el medio para poder conocer las propiedades y características principales del objeto. De esa manera, la cognición lógica adquiere una forma fundamental, que es EL CONCEPTO.

Su principal característica es que EL CONCEPTO se niega a reflejar todos los aspectos de un objeto para centrarse exclusivamente o únicamente en los esenciales; es decir, haciendo abstracción de los secundarios. Por ejemplo: el concepto “Hombre” no refleja los rasgos de cada persona por separado, ni los datos de nacionalidad, de edad, de tamaño, de sexo, de lugar, de tiempo, etc.; se fija únicamente en lo general y esencial que es, en este caso, su capacidad de trabajar, es decir, de producir y de pensar.

De los más generales de esos conceptos surgen las categorías. Son conceptos que se incorporan a las ciencias. Ejemplos: en la mecánica adquieren nivel de categoría los conceptos masa, energía, fuerza, etc., en filosofía los conceptos materia, conciencia, movimiento, espacio y tiempo, causa y efecto, etc., en Economía Política los conceptos mercancía, valor, trabajo, capital, fuerzas productivas, etc.

Las categorías, esos conceptos más generales del pensamiento son el resultado de la actividad práctica y cognoscitiva del hombre. Constituyen fases de su conocimiento sobre el mundo circundante.

Y hemos mencionado la palabra “ciencia”. En este encadenado siempre nos encontramos en la necesidad de definir o explicar algo más, en este caso: qué es ciencia:

Una ciencia, cualquier ciencia, no sólo es un sistema de leyes, sino también UN SISTEMA DE DETERMINADAS CATEGORÍAS, es decir, UN SISTEMA QUE INTEGRA LOS CONCEPTOS MÁS GENERALES que se forman en el curso de su desarrollo y constituyen su base.

Ustedes podrán observar lo complejo y apasionante que es incursionar sobre estos temas, pero más que nada, lo necesario que es que lo hagamos. NOSOTROS podemos hacerlo, ELLOS también, pero no lo hacen pues, de hacerlo, queda al desnudo su perversidad.
   
Oscar Natalichio
Centro de Investigación Económica y Social (CIEYS)

martes, 5 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 35

SE CONFIRMA LO QUE YA SABEMOS

En esta entrega, la número 35, deberíamos continuar desarrollando la clasificación de la categoría “trabajo”, pero han sucedido acontecimientos que requieren nuestra atención por su importancia en la vida e historia de nuestra patria, entonces, dejaremos para la próxima entrega las descripciones de las cinco clasificaciones que nos faltan describir.

Son tres los nuevos hechos que pasamos a tratar con la mayor rigurosidad posible, como es común en nuestros análisis, que tratan siempre de aproximarse a la realidad objetiva y de evitar trampas y mentiras prefabricadas.

  1. LOS ARCHIVOS: Han aparecido mil quinientos biblioratos (1.500), más seis (6) carpetas que contienen las actas originales de la Junta genocida, más otras con documentación de la “Comisión de Asesoramiento Legislativo” donde se encuentran los planes a “largo plazo” y, finalmente, otras con ¡registros de los pedidos que le hacían los familiares a la Junta sobre desaparecidos! Este “descubrimiento”, que se mantuvo oculto durante 30 años, incluye dos cajas fuertes, dos armarios y una estantería  conteniendo documentación de la última dictadura empresario-militar que padecimos desde 1976 hasta 1983. En esos biblioratos, depositados en los sótanos del edificio Cóndor y mantenidos ocultos hasta la semana pasada, se acumulan miles de documentos y actas sobre las acciones llevadas adelante por los genocidas, siguiendo las instrucciones del denominado “Consejo Empresario Argentino” que en ese momento presidía el nefasto Martínez de Hoz. Esos documentos se constituyen en una contundente prueba del accionar criminal de dichos empresarios y sus sicarios, enrolados en las fuerzas “de seguridad”, más una parte de la sociedad civil que incluye a gran parte de la iglesia, a dirigentes sindicales de la CGT, a muchos jueces y fiscales y a una cantidad de despreciables políticos aportados por el peronismo, el radicalismo y el socialismo amarillo. Los documentos poseen, aunque suene paradójico, un enorme valor histórico y también una contundente prueba jurídica del accionar mafioso y criminal con que operaban. En nuestras entregas anteriores de NOSOTROS O ELLOS y en varios escritos, también anteriores, afirmábamos que el grupo Clarín, junto con La Nación y La Razón, se habían apoderado de la empresa Papel Prensa utilizando para ello el robo de las acciones y arrancado la supuesta venta por medio de torturas y amenazas de muerte. Seis de los biblioratos conservan 280 actas originales de reuniones de la denominada Junta Militar, que cubren todo el período en que los genocidas usurparon el poder político, es decir, desde el 24 de marzo de 1976 hasta el 10 de diciembre de 1983. Entre estas actas hay varias (13) que se refieren a Papel Prensa SA en el período que va desde el 15 de septiembre de 1976 hasta el 1 de diciembre de 1977.  Hasta ahora la justicia contaba sólo con el acta número 14, en una copia que integra el voluminoso expediente que “investiga” la adquisición ilegal de la empresa Papel Prensa por parte de Clarín y La Nación. Con esta nueva documentación, el acta 14 no puede ser cuestionada ya que no sólo aparece la original, sino, además, las otras doce actas que confirman que la detención de la familia Graiver tiene que ver directamente con el robo de sus acciones y, por ende, del robo de la empresa, que pasa así a ser propiedad de Clarín y asociados. El acta número 19, en su punto 5 se refiere claramente a: “ARRESTO DE FAMILIARES E IMPLICADOS EN EL CASO GRAIVER” y se ordena a que, “nuevamente”, sea tratado lo resuelto en el acta 14, en sus anexos I y II. Allí se expresa, textual: “PAPEL PRENSA S.A.: Se consideran los Anexos I y II/se resuelve aplicar el Anexo II (El Estado acepta la participación de los Diarios La Razón, Nación y Clarín en Papel Prensa SA). Luego agrega, también textual: PAPEL PRENSA SA: Se resuelve revisar lo actuado y evitar que el “Grupo Graiver” cobre las sumas por las acciones vendidas/no se debe demorar el proyecto”.  Además, entre la documentación se encontró un “Plan de operaciones de acción-tentativo” cuya extensión cubría el período 1976-2000, de donde surgiría la “Nueva República”  y que incluía los planes del Consejo Empresario Argentino (CEA) que hoy funciona con el nombre de Asociación Empresaria Argentina (AEA) e incluía un “proyecto” de la Asociación de Bancos Argentinos. El “descubrimiento” de la documentación fue producto de una “operación de limpieza” del edificio Cóndor (de la Fuerza Aérea), llevada adelante por el brigadier  Mario Callejo quien le informó de la novedad al Ministro de Defensa Agustín Rossi. La documentación incluía listas negras con nombres de personas “no gratas” a la dictadura. Estar en esas listas negras equivalía (de acuerdo a la categoría) a una segura “pena de muerte”, que muchos pudieron eludir asilándose y otros no tuvieron esa suerte. Nombramos a algunos de los integrantes de esa lista: Osvaldo Bayer, Osvaldo Pugliese, Julio Cortázar, Héctor Alterio, Federico Luppi, María Elena Walsh, Norma Aleandro, Norman Briski, Rogelio García Lupo, Tomas Eloy Martínez, Francisco Urondo (desaparecido), Víctor Laplace, Nacha Guevara, Luís Brandoni, Pino Solana (que terminó apoyando a Clarín), entre otros 300 más. La Junta empresario-militar había clasificado a 331 personas en cuatro categorías: F1 “sin antecedentes marxistas”; F2 “los antecedentes que registra no permiten calificarlo desfavorablemente desde el punto de vista ideológico marxista”; F3 “registra algunos antecedentes…” y F4 “registra antecedentes que hacen aconsejable su no ingreso y/o permanencia en la administración pública…” En esa categoría se encontraban 153 personas de las 331 registradas.  Resumiendo: ¿Qué más hace falta para que los analfabetos funcionales comprendan que hemos pasado por un genocidio en la Argentina y que muchos de los que apoyaron ese genocidio y la entrega del patrimonio nacional, como los Macri, De Narváez, Massa, Binner, Morales, Carrió, etc. pretenden reemplazar a este gobierno para sustituirlo solapadamente por la Asociación Empresaria Argentina, verdadera planificadora del mencionado genocidio y desguace nacional?

  1. LA NOTICIA DEL MES: El Grupo Clarín presentó el “plan de adecuación voluntaria” a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sin dar detalle de cómo se componen los integrantes de los seis grupos o “unidades independientes” que ahora lo integran. Esto lo debían haber realizado hace cuatro años, pero con complicidad de la justicia y mediante absurdas cautelares, ganaron ese lapso para, finalmente, “aceptar” la Ley. ¿Para qué tanta bulla? De ninguna manera estaba en juego la libertad de prensa, sino la facturación, ya que en estos cuatro años, estiman los especialistas, obtuvieron una facturación adicional de cuarenta mil millones de dólares (40.000.000.000). El Juez que viajó a Miami con todo pago por Clarín debería quejarse y reclamarle a esos amarretes una vuelta al mundo “todo incluido”. Aunque, en realidad, si los jueces pagaran el impuesto a las ganancias, sabríamos cuánto “morlacos” (como dice el tango) fueron a parar a sus bolsillos. Los periodistas mercenarios como Lanata, Joaquín Morales Solá, Nelson Castro, Bonelli y otros delincuentes, difundieron, durante casi 1500 días, varias veces por día, en varias emisoras, lo que acumula más de un millón de veces, la noticia que el gobierno quería cerrar Clarín, TN y Canal 13. Lo hacían con rostros compungidos (actuación) y con expresión de imbéciles (reflejo real) mientras su “papá” ahora declara que nunca estuvo en riesgo la continuidad de los mencionados medios. Estos personajes que se llaman periodistas y más hipócritamente “independientes” usaron a los ciudadanos desprevenidos y los arrearon a una disputa irracional y paranoica. Entre los políticos que los del Grupo Clarín usaron de forro pinchado se encuentran todos los de la oposición, incluido Altamira del PO. ¿Les pasará la factura el ciudadano engañado? ¿O los volverá a votar? La joya del día es que mientras Clarín acepta y reconoce, la “señora” Magdalena Ruiz Guiñazú y el “señor” Joaquín Morales Solá, están el los EEUU para denunciar la Ley de Medios y bregar por la “libertad” de empresa (perdón: de prensa). ¿Me permiten expresar un sentimiento vulgar? Gracias: ¡Qué pareja de boludos! (La bajeza con que proceden estas “lumbreras” es tan vulgar que, a veces, nos es correcto ser serios).

  1. CUMPLEAÑOS FELICES: Una de las más trascendentales medidas implantadas por el gobierno, que ha permitido, junto a otras, que la mortalidad infantil descendiera del 18 por mil al 10 por mil, hoy cumple 4 años. Se trata de la Asignación Universal por Hijo (AUH), una acción que llega a 3.300.000 niños  y cubre con protección social a más de 1.800.000 familias. En el 2009 la AUH era de 180 pesos siendo hoy de 460 pesos y de 1.500 si es discapacitado. El más destacado dato que analizamos desde el CIEYS es que, por reducción de la mortalidad infantil y por otras acciones sociales, HOY VIVEN EN NUESTRO PAÍS 28.800 NIÑOS MÁS POR AÑO, QUE ANTES DEL 2003 SU FUTURO ERA LA MUERTE AL NACER O TEMPRANA.  Ello, en la década ganada, representan 280 mil niños que están en una cunita, en un jardín o en una escuela y no en un cementerio. Bueno es recordar que, si se hubiese mantenido el sistema de AFJP esos niños NO ESTARÍAN VIVOS y la jubilación sería, hoy, de 600 pesos y no de 2.800 pesos como mínimo. Bueno es recordar que las AFJP constituyeron el más espectacular asalto “legal” al dinero de los trabajadores que pasaron, vía comisiones y vía “inversiones en acciones (entre ellas del Grupo Clarín) al los Bancos “intermediarios”. (Ver NOSOTROS O ELLOS anteriores).

En la próxima entrega continuaremos con las categorías que no se ven ni se estudian en nuestro sistema educativo.

Oscar Natalichio
Director
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEYS)
Alsina 1744 CABA
05/11/13



lunes, 4 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 34

TRABAJO, FUERZA DE TRABAJO Y SALARIO (1)

En el NOSOTROS O ELLOS Nº 33 comenzamos a hablar sobre “trabajo” explicando la distinción entre esa palabra y la “fuerza de trabajo. Señalábamos que trabajo es una relación, un proceso, una actividad conciente que se produce entre el hombre y la naturaleza y que, por otra parte, no es el trabajo (esa relación o proceso) lo que produce los bienes o la riqueza en el mundo, sino la fuerza de trabajo (ese gasto o consumo de energía física e intelectual del trabajador).

De allí que definíamos a esa fuerza de trabajo como la capacidad de cada uno de nosotros que poseemos para efectuar cualquier tipo de tareas. Como el conjunto de nuestras fuerzas físicas y espirituales que disponemos, para aplicar al proceso productivo.

La fuerza de trabajo es, por tanto, el gasto de energía físico e intelectual del que ejecuta la tarea, es de su propiedad y se la lleva con él a donde vaya.

Y esa fuerza de trabajo, propiedad del trabajador, es, en el sistema capitalista, una mercancía que, como toda mercancía, se vende y se compra. Siendo, el precio por ella pagado, el salario; salario que no lo determina el que vende su fuerza de trabajo sino el que la compra, quien es, generalmente, el propietario de los medios de producción.

Pero esa relación: “trabajo” la debemos ordenar de alguna manera para poder desentrañar los diversos papeles que juegan en nuestra sociedad.

CLASIFICACIÓN DE “TRABAJO”

Podemos clasificar esa relación entre hombre-naturaleza en base a las funciones que cumple. En nuestro análisis tratamos de ser lo científicamente más rigurosos posible, manteniendo como válida estas clasificaciones mientras no se demuestre su invalidez, es decir, no es, de ninguna manera, un análisis cerrado, pero hasta aquí avanzamos con la certeza de su razonabilidad.

Hemos desarrollado 8 clasificaciones fundamentales, siempre en “función de”: 1. Del momento en que se realiza; 2. Del valor que se logra; 3. Del conocimiento del que ejecuta la tarea; 4. De la cantidad producida en base a lo necesario; 5. De la distribución de la riqueza producida; 6. De la propiedad; 7. Del lugar que se ocupa en la producción y 8. Del desarrollo histórico de la experiencia.

  1. En función de momento en que se realiza: Hay un gasto de fuerza de trabajo que el trabajador está realizando en este momento en que ustedes, por ejemplo, están leyendo la presente nota. Ese trabajo que se está realizando ahora, donde se está consumiendo la energía física e intelectual del trabajador, Carlos Marx lo denominó: trabajo vivo.  ¿Qué sucede cuando el trabajador finaliza su tarea? ¿Desaparece el trabajo? De ninguna manera; ese gasto de energía se materializa dentro del producto terminado. Si el trabajador usaba, como objeto de su trabajo, maderas y con ello construye una silla, cuando ustedes se sientan en ella, se están sentando sobre la madera originaria de la naturaleza y sobre la fuerza de trabajo del trabajador materializado en la silla. Más sintéticamente: la silla (o cualquier objeto procesado) contiene dos valiosos elementos: a) materia prima que proviene de la naturaleza y b) fuerza de trabajo aplicada sobre esa materia prima para transformarla en un bien que satisfaga una necesidad (la de estar sentados). Marx denominó a ese trabajo incluido en el bien como trabajo pasado o pretérito.  ¿Qué importancia posee esta clasificación? La que determina que el trabajo vivo en la producción de bienes materiales va disminuyendo a la vez que se incrementa el trabajo pasado. Este fenómeno es notorio y responde a la existencia de nuevas y más sofisticadas herramientas donde en su momento se materializó el trabajo vivo de quienes las construyeron y, ahora, están, en gran parte, destinadas a reemplazar trabajadores, es decir, a reemplazar “trabajo vivo”. Una vieja fábrica de automotores contaba con 4 o 5 mil trabajadores, hoy, automatizada (robotizada), cuenta con un 10% de ellos (y produce más unidades y más perfectas).

  1. En función del valor: Si necesitamos una silla para sentarnos, vamos a una mueblería y la compramos. Así encontramos dos valores en esa silla: a) el valor de uso, el que nos permite sentarnos y no estar parados siempre y b) el valor de cambio, que hace que para tener la posesión de la silla debamos pagar una determinada cantidad de dinero (dinero que es también una mercancía y que más adelante veremos cómo se comporta). El trabajo, en función de la formación de esos dos valores, se clasifica en: a) trabajo concreto que es el que crea el valor de uso. Este trabajo “concreto” se refiere, en general, al oficio; ya que si el objeto o bien se trata de una silla es un carpintero el que actúa, si es una prenda de vestir, un trabajador textil, si es una pared, un obrero de la construcción, etc. Es decir, hay tantos trabajos concretos como oficios y sub-oficios existen. Y son los que producen, concretamente, todo lo que usamos; b) pero habíamos dicho que para poder sentarnos debíamos comprar la silla y allí encontramos un precio que debemos pagar por ella con una determinada cantidad de dinero equivalente a ese precio. Y ese precio, que es, aproximadamente, la exteriorización del valor de la mercancía; ¿de dónde surge? ¿Cómo se mide? Lo primero que podemos decir es que la unidad de medida está dada por la cantidad de horas de trabajo que se requiere para realizar el bien que adquirimos. La media social de esas horas de trabajo, ya que si el que hace la silla lo hace muy lentamente esa silla adquiriría un valor que haría imposible su venta. O si tomamos una navaja filosa y un pedazo de madera y nos ponemos a fabricar escarbadientes no podríamos menos que cobrar por cada uno alrededor de 20 pesos. Por ello la medida es en el trabajo social, no en el individual; es la media social en fuerza de trabajo vivo y pasado, es el trabajador en la línea y el trabajo materializado en los instrumentos (maquinarias y herramientas). Entonces, para poder medir y comparar productos tan distintos como puede ser una silla o un auto, lo primero que hay que hacer es abstraerse del oficio, es decir, abstraerse del trabajo concreto y determinar esa unidad de medida común a todas las cosas tan distintas entre sí. Esa unidad que surge de la abstracción es lo que Marx denominó trabajo abstracto. Es el que le otorga valor a los bienes que se ofrecen en el mercado, donde, además, operan otras leyes especulativas como la “de oferta y demanda” y la de “precios monopólicos”, sin que éstas leyes afecten o alcancen a modificar la “teoría del valor” sobre la que también escribiremos. Es interesante destacar la importancia de esa “media social” ya que los que se encuentran por arriba de ella (mayor costo) no son “competitivos” y tienden a desaparecer o ser absorbidos; y los que se encuentran por debajo (mayor eficiencia) se colocan en situación dominante en el mercado capitalista y eliminan competencia.

  1. En función del conocimiento necesario para ejecutar la tarea: Los gastos de energía física e intelectual  por parte de los trabajadores son muy diversos. Van desde la ejecución de una tarea muy simple, donde no es necesario conocimientos profundos (y donde prevalece el esfuerzo físico), hasta tareas muy complejas que requieren una especialización profunda (donde prevalece el esfuerzo intelectual). Marx clasificaba, desde este punto de vista, al trabajo del trabajador, en simple y complejo. Pero… ¿cómo medirlo? Podemos quizá acordar cuál es el trabajo más simple, aunque luego debemos enfrentarnos a grados de complejidad creciente, ya que no hay un trabajo simple y un trabajo complejo sino una gradual complejidad del trabajo simple que lo hace a éste más complejo. Entonces, aquí necesitamos también una “unidad de medida” y surge (así lo ve Carlos Marx) como lo más adecuado, atribuírsela al trabajo simple. De esa manera el trabajo complejo, en sus diversos grados de complejidad, se convierten en varias unidades de trabajo simple. Más unidades mientras más complejo sea el desarrollo de la tarea. Tomemos una tarea simple: limpiar un torno luego que el operario principal haya finalizado su turno: esa sería la unidad. ¿Y la del tornero? Podríamos decir, arbitrariamente, que el valor que produce el tornero es dos veces superior al que limpia la máquina; de esa manera, el trabajo realizado por el tornero equivales a dos unidades simples. Podríamos decir, aunque no es lo mismo, que el salario del obrero tornero sería el doble que el salario del obrero peón. Eso “aunque no es lo mismo” lo explicaremos más adelante ya que el valor de lo que produce la fuerza de trabajo no es sinónimo de salario, o, dicho de otra manera, lo que retribuye el salario es sólo una parte del nuevo valor que produce el trabajador con su gasto de energía. Ahora estamos necesitando saber cómo se pasa del trabajo simple al complejo y nuestra respuesta es: con más trabajo, así de sencilla. Los fenómenos, aún los más sencillos, requieren de una explicación coherente, la intentamos: tomemos por ejemplo el peón que limpia la máquina del tornero. Es joven e inquieto y le dice al operador del torno si puede ingresar un poco antes para observar cómo lo opera. Luego se anima con un “me deja probar” y de esa manera se va familiarizando con la máquina. En ese lapso, de varios días o meses, el peón fue gastando energía pero, a la vez, adquiriendo experiencia de lo que su maestro le trasmite y de su propio esfuerzo e interés. El peón sigue siendo peón, pero ya no lo es. Lo sigue siendo simplemente porque el patrón no lo cambió de categoría; y no lo cambió porque no necesita otro tornero, pero cuando el titular se fue, pues obtuvo un trabajo “mejor remunerado”, el patrón le ofrece el puesto, lógicamente, con un salario menor al que pagaba pero con igual exigencia. El joven se anotó en un colegio industrial nocturno público y aumentó su preparación gracias a docentes, a autores de libros especializados y al Estado. De esa manera fue incrementando sus conocimientos: con esfuerzo propio, con la fuerza de trabajo que consumían los docentes y con la fuerza de trabajo de los autores de los libros y de todos aquellos que hicieron posible que se editara, se comercializara y finalizara en una biblioteca o comprado por el interesado para leerlo y estudiar. De esa manera el inicial conocimiento, catalogado como trabajo simple, con esfuerzo propio y de terceros se va convirtiendo en un conocimiento que corresponde a un trabajo más complejo, sólo debe conseguir que un propietario de los medios de producción lo necesite y, además, se lo reconozca. Señalamos que, a medida de que la historia avanza, a medida de que la ciencia y la técnica se aplican cada vez más en los procesos productivos y de servicios, el trabajo simple tiende a reducirse y el complejo a aumentar. Hoy, para efectuar tareas de limpieza se utilizan máquinas que deben ser operadas por trabajadores que, además de conducir un vehículo, posean conocimientos de computación o similares. Ya no es una simple escoba aunque en muchas empresas la escoba siga siendo un medio de trabajo.  
 
En este artículo hemos recorrido tres de las ocho categorías y ya podemos observar algunas “extrañas” cuestiones: No se enseña ni en escuela ni en universidades este tipo de clasificación. No aparece la categoría Fuerza de Trabajo y se mantiene al trabajo como el responsable de la creación de nuevos bienes. No se considera al gasto de energía como el verdadero creador del nuevo valor (más adelante lo demostraremos con ejemplos concretos) y se subestima el conocimiento y las funciones que el trabajador realiza para que, en esa subestimación “cultural” parezca natural que deba agradecer al que le da trabajo, es decir, deba agradecer al que le da trabajo para explotarlo.

“Le da trabajo para explotarlo”, hemos afirmado nosotros como marxistas y bien pueden decirnos que exageramos, que la producción es una conjunción entre el capital y el trabajo, o un triángulo en donde en un vértice se encuentra el capital, en otro el trabajador y en el tercero el empresario y que cada uno de esos “factores” recibe lo que le corresponde: el capital recibe el interés financiero por prestarlo, el trabajador el salario por trabajar y el empresario la ganancia por ser emprendedor. Y todos felices comiendo perdices. Pero buzones ya no se pueden vender porque casi no hay, aunque lamentablemente hay muchos compradores. Vamos a leer, a continuación, lo que escribió uno de los padres de la Economía Política Liberal Burguesa, nos referimos a Adam Smith (1723-1790) un economista científico (capítulo V de “… la Riqueza de las Naciones”:

“Todo hombre es rico o pobre según el grado en que puedan gozar de las cosas necesarias, convenientes y gratas de la vida. Pero una vez establecida la división del trabajo, es sólo una parte muy pequeña de las mismas la que se puede procurar con esfuerzo personal. La mayor parte de ellas se conseguirán mediante el trabajo de otras personas, y será rico o pobre, de acuerdo con la cantidad de trabajo ajeno de que pueda disponer o se encuentre en condiciones de adquirir”

En el número 35 continuaremos con la clasificación del trabajo de acuerdo a sus funciones. En estas tres ya se vislumbra claramente de que hay un NOSOTROS (los trabajadores, los que mantenemos la vida) y un ELLOS, los que nos explotan, lo aceptemos o no.  Juan Gelman escribe, en la contratapa de Página 12 del domingo 3 de noviembre una nota que sugerimos sea leída. En ella se menciona que la tendencia a la concentración continúa e incluso se acelera en períodos de crisis del propio sistema, es decir, la crisis como gran negocio. Allí se menciona que un 0,7% de la población mundial controla el 41% de la riqueza mundial.  Que de la crisis que dejó sin trabajo a millones y sin viviendas a miles, surgieron 2,2 millones de nuevos millonarios. Y un artículo de Alfredo Zaiat en ese mismo diario menciona que en España hay 675 mil viviendas sin vender y unas 500 mil en construcción. ¿La solución para ese “desequilibrio”? Es muy simple: demolerlas, ya que es muy costoso mantenerlas. Y se basan en la “experiencia”  exitosa en Irlanda donde “terminar las viviendas es más costoso que derrumbarlas”.

NOSOTROS, los trabajadores, que mantenemos la vida  y ELLOS el capitalismo, que se encarga de destruirla.

Oscar Natalichio
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEYS)
04/11/13

oscarnatalich@fibertel.com.ar.  

viernes, 1 de noviembre de 2013

NOSOTROS O ELLOS Nº 33

EL TRABAJO

La palabra trabajo es definida por el diccionario de la Lengua Española con 12 aceptaciones, siendo, la primera como siempre en este diccionario de la Real Academia, la más importante. Las mencionaré una a una ya que ello es básico para el desarrollo de este artículo:
Aceptación 1: Acción y efecto de trabajar. Aquí tenemos que señalar que “trabajar” para el mismo diccionario es “ocuparse en cualquier actividad física o intelectual” y otras 17 aceptaciones más, entre las cuales mencionaremos la 2: “Tener una ocupación remunerada en una empresa, institución, etc., y la 3: “Ejercer determinada profesión u oficio”. Las demás aceptaciones, como por ejemplo la 4 (Dicho de una máquina: funcionar), no son de nuestro interés.
Aceptación 2: Ocupación retribuida. ¿Y si no es retribuida? ¿No es trabajo? Podríamos aceptar esa definición si aceptamos que al esclavo se lo retribuía con la comida, que al siervo de la gleba se lo retribuía dejándole una porción de su cosecha, que al aprendiz en los inicios del capitalismo se le otorga un oficio y que al pasante en nuestros tiempos se le paga el viático.
Aceptación 3: “Obra” El propio diccionario debe aclarar esa palabra agregando “Cosa producida por un agente” ¿?
Aceptación 4: Insiste con “obra” ahora como: “obra, resultado de la actividad humana”.
Aceptación 5: Se refiere a objetos no a personas, pero veremos más adelante que no es tan objeto y que persona hay: “Operación de la máquina, herramienta o utensilio que se emplea para algún fin”.
Aceptación 6: Esfuerzo humano aplicado a la producción de riqueza, en contraposición a capital”. Las demás seis aceptaciones se refieren al lugar donde se trabaja, a la dificultad, a molestia, tormento, etc., a una definición para la mecánica y otra para brujería y la final:
Aceptación 12: Estrechez, miseria y pobreza o necesidad con que se pasa la vida”.

Desde nuestro punto de vista las definiciones y aceptaciones que incorpora el diccionario de la “Real Lengua Española” son en extremo vulgares y no reflejan la verdadera naturaleza del trabajo. Ello nos obliga a dar nuestra definición sobre trabajo y remarcar que una cosa es trabajo y otra  es trabajar. Y no se trata de un juego de palabras como veremos a continuación.

Trabajo es un proceso mediante el cual los seres humanos modifican los objetos de la naturaleza de tal modo que, esos objetos modificados puedan satisfacer sus necesidades, sean éstas reales o superfluas.

Trabajo es, por tanto una actividad conciente y útil y es una relación que se produce entre los seres humanos y la naturaleza.

De esa manera, el trabajo surge como la condición primera y fundamental de la existencia humana.

Se puede asegurar que, en esa relación, en ese proceso, en esa actividad consiente el hombre pudo salir del mundo animal y desarrollarse como tal.

El trabajo posee tres componentes básicos y fundamentales, ya que sin ellos es imposible la existencia de la relación entre hombre y naturaleza. Esos tres componentes básicos son: 1. la actividad del hombre dirigida a la producción de un bien que sirva para satisfacer una necesidad humana (consumo) o productiva (materia prima). En esa actividad, el hombre consume energía física, muscular e intelectual, y ese consumo se define como fuerza de trabajo; 2. El objeto de trabajo, el material sobre el que va a ejercer su fuerza de trabajo para modificarlo (actúa sobre él), que es un material que proviene inicialmente de la naturaleza aunque registre varios procesos sucesivos; y 3. Los medios de trabajo, es decir, con qué instrumentos se opera sobre esos objetos, ¿con las manos?, ¿con herramientas?, ¿con maquinarias?, ¿con robot?, es decir, con todo aquello que le facilite al trabajador cumplir con su tarea sobre el objeto de trabajo, que lo haga más liviano.

Como observarán, el diccionario no contempla esa realidad objetiva que surgió ya hace más de un millón de años cuando el hombre mono advirtió que utilizando una piedra con filo (medio de trabajo) podía cortar mejor a un animal cazado (objeto de trabajo). Tampoco el diccionario menciona que, si uno reúne a los objetos de trabajo con los medios de trabajo, es decir, reúne a las materias primas y a la naturaleza en su conjunto con los medios de trabajo, es decir, con todas aquellas herramientas, maquinarias, sistemas, instalaciones, robots, etc., necesarios para producir mejor, componen una categoría muy mencionada, que se denomina medios de producción.

Es de tal importancia esa categoría que las personas sensibles e inteligentes se preguntan: ¿En poder de quienes están esos medios de producción? O lo mismo: ¿En poder de quiénes están los recursos naturales y las fábricas donde se procesan? Y ello, a esas personas le produce otro interrogante: ¿Cómo puede ser que los bienes provistos por la naturaleza sean propiedad privada de algunos grupos pequeños en un mundo con 7 mil millones de habitantes? ¿De dónde surge esa “legitimidad”? Este punto lo vamos a tratar más adelante, pero en este número nos referiremos a “trabajo” escapando de la tentación (real) de intentar explicar todo en muy breve espacio.

Esa relación que produce el trabajo, relación, vinculación o proceso, requiere de la existencia de trabajadores quienes hacen realidad la mencionada relación hombre-naturaleza, mediante la aplicación de su fuerza de trabajo. Ello nos obliga a precisar más qué es esa “fuerza de trabajo” (FT).

La primera diferencia que observamos entre “trabajo” y “fuerza de trabajo” es que la primera (trabajo) es una relación general entre personas y objetos, mientras que la segunda, la “fuerza de trabajo” es una relación individual entre un trabajador y el objeto que le ha tocado transformar.  Podemos ya arriesgar una definición para FT.

La fuerza de trabajo es la capacidad que poseemos las personas para ejecutar cualquier trabajo. Es el conjunto de fuerzas físicas y espirituales que disponemos para aplicar al proceso de producción de bienes, es decir, de producción de riquezas materiales y espirituales.

La fuerza de trabajo es, además, una escuela de formación, donde mediante la acumulación de experiencias vamos paulatinamente mejorando nuestra habilidad, tanto en la destreza aplicada como en los medios de producción desarrollados.

La fuerza de trabajo es un gasto por parte del trabajador, de energía física e intelectual. En algunos casos predomina el gasto de energía física y en otros la intelectual, pero nunca van separadas ya que, hasta en el proceso más simple se requiere poner atención sobre el mismo.

En el capitalismo, la fuerza de trabajo se convierte en una mercancía. Es decir, es un producto que se vende pues hay alguien que lo compra. Es, sin dudas, una de las mercancías más valiosas e indispensables, sin embargo, es este sistema, esta mercancía es tratada de manera opuesta a su real importancia y valor.

Primero diremos que para mostrar su real importancia recurriremos a la abstracción. Vamos a suponer que un virus maligno ataca a la humanidad haciendo desaparecer su capacidad de aplicar la FP de cada uno de sus integrantes, a todos en general. ¿Quién produciría los bienes necesarios para alimentarnos, vestirnos, cultivarnos, divertirnos, sanarnos, etc.?  Nadie, absolutamente nadie. La vida humana desaparecería en muy pocos años, de la misma manera que desaparecería también si ese virus nos vuelve estériles a todos, en el primer caso por no haber producción material y en el segundo por no haber reproducción de la especie. La FT es la energía consumida por el trabajador que posibilita la continuación de la vida.

Regresamos a “trabajo” y a sus componentes: releemos que uno de ellos es la FT, que es propiedad del trabajador individual y que la vende en el “mercado laboral” y que las otras dos, objetos de trabajo (la naturaleza) y los medios de trabajo (las herramientas desarrolladas por la FT en el espacio histórico) utilizados para producir nuevos bienes que se venden en el “mercado comercial”: son todas mercancías. Lo extraño es que esas mercancías no posean igual tratamiento, y mucho más extraño es que la gente crea que esa desigualdad en el tratamiento es “normal”.

Ustedes van a un negocio, a un supermercado por ejemplo, toma un producto, una botella de vino por ejemplo, ve el precio que indica que “vale” 40 pesos. Se acerca a la caja y cuando va a pagar expresa: “por esa botella no pagó más de 20 pesos” ¿Qué sucede? Que, o paga los 40, o deja la botella O lo retira “seguridad”). Es posible que la cajera sea más amable con ustedes que los que están en la cola, trabajadores también, que le recriminan que por “una boludez” les haga perder el tiempo.

Parece razonable que el que vende le ponga un valor al producto (a la mercancía) que vende y que  el “comprador”, en todo caso, posee la libertad de no comprarlo si le parece caro.

Bien: Ahora son ustedes los vendedores, son ustedes que salen a vender su única mercancía, su fuerza de trabajo, su habilidad para hacer algo. ¿Quién le pone el precio? Sin dudas, el vendedor no, en este exclusivo caso el que fija el precio es el comprador de la FT, es el capitalista.

Y pensar que ustedes son los que producen todos las mercancías que existen y deben pagar lo que otros le fijan por ellas y deben cobrar lo que estos mismos personajes de fijan a la suya. Encontramos en este simple ejemplo la base en la que se sustenta la sociedad capitalista: LA INEQUIDAD, la que surge del dominio cultural que han logrado al hacernos creer que son los que “nos dan trabajo”.

La Fuerza de Trabajo, la que mantiene viva a la humanidad, es la que menos valor se le reconoce y las mercancías que con esa fuerza de trabajo se logra, toda la riqueza de la humanidad, es usufructuada por un pequeño grupo que adquiere enorme poder y capital con esa gran ventaja que significa pagar por la mercancía FT mucho menos valor que el valor que esa FT produce.

¿Qué tiene que ver esta entrega Nº 33 de NOSOTROS O ELLOS? Mucho, pues en esta transición, mejorar el pago sobre la mercancía FT es fundamental para mejorar nuestra calidad de vida. Ello significa ser, al menos en esta etapa, menos explotados y más dignos.

En las próximas entregas abundaremos estos puntos tan necesarios para nuestra conciencia, para nuestra integridad como seres humanos, como el pan y la leche para alimentarnos.

NOSOTROS, LOS TRABAJADORES O ELLOS, LOS EXPLOTADORES

Oscar Natalichio
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEYS)
01/11/2013