jueves, 29 de agosto de 2013

Sobre la explotación de hidrocarburos no convencionales.

1. Advertencia:

La abstracción es un método científico que nos permite aproximarnos a conocer las causas por la cual un fenómeno se realiza, poder así determinar su origen, los efectos reales que puede producir o produce y su potencialidad futura.

La abstracción es un método, una herramienta, una forma de análisis donde separamos algunas realidades de una realidad mayor, pues sabemos que sólo de esa manera podemos investigarla y arribar a aproximarnos a la realidad objetiva.

Al separar la realidad mayor (el fenómeno que queremos analizar) de otras realidades que la acompañan y crean confusiones o equívocos, estamos sólo determinando que, aquello que puede llevar a confusiones debe ser “provisoriamente” apartado. Provisoriamente, ya que luego deben (todos los elementos separados del análisis) ser nuevamente incluidos a efectos de volver a rearmar la realidad objetiva, ahora con un conocimiento más acabado sobre ella, ahora sabiendo la esencia de su comportamiento

La abstracción es un método científico aplicado a las ciencias sociales de igual manera que el biólogo recurre al microscopio electrónico para mejorar sus investigaciones.

Comparemos dos productos muy distintos: una silla y un satélite; ¿qué de importante poseen en común objetos tan distintos? Ambos poseen materia prima extraída de la naturaleza y trabajo humano (directo o indirecto) aplicada sobre ella.

La materia prima existe miles de millones antes de que el hombre apareciera sobre la tierra, pero… si éste no operara sobre la misma, con sus manos o con herramientas que él mismo fue creando y mejorando durante siglos, no habría silla y no habría satélite.

Ahora bien, la silla puede utilizarse para descansar, para estudiar, para sentarse una ronda de amigos, para escuchar una conferencia, para trabajar en una oficina y también para atar a ella a una persona y torturarla. El satélite puede ser utilizado para observar el clima, prevenir catástrofes naturales, mejorar las comunicaciones y también para espionaje y para la guerra.

Entonces, silla y satélite pueden servir para el disfrute o el sufrimiento. Ello no lo determina el valor de uso que posee, ello no lo determina ni la naturaleza ni la fuerza de trabajo aplicada sobre ella para transformarla en silla o satélite. Ello lo determina el modo de producción imperante, el “sistema”, las condiciones que ese sistema genera, tanto objetivas como subjetivas.

Porque la silla pueda ser utilizada para atar y torturar una persona no vamos a dejar de producir sillas, la pueden torturar en una cama, y no vamos a dejar de producir camas, la pueden torturar atadas a un árbol, y no vamos a dejar de forestar. Si queremos que la tortura desaparezca debemos cambiar el “sistema” inhumano por otro que respete la vida, sin dejar de hacer sillas ni satélites, sino, junto con el respeto a la vida, la silla y el satélite, dejarían de ser objetos para el sufrimiento.

La abstracción nos permite demostrar con claridad que sin trabajo humano (fuerza de trabajo, la denominaba Marx , tratándose de gasto de energía física e intelectual), no hay silla, no hay satélite, no hay pan, es decir: no habría vida, salvo la muy primitiva como la de aquellos hombres-monos nómades que buscaban desesperadamente como salir de tal situación, depredando todo a su paso.

La abstracción nos clarifica en este caso el origen de las cosas, pero ahora, que lo sabemos, volvemos a la realidad y observamos que no cualquiera puede poseer un satélite (¿lógico, no?), pero que tampoco cualquiera puede poseer una silla cómoda, anatómica, acolchada, giratoria, etc. Entonces volvemos al “sistema”, al modo de producción donde pasamos nuestras cortas vidas, al sistema capitalista y allí la realidad objetiva se complica con otros aditamentos que no hacen al objeto sino a su propiedad.

El objeto de trabajo, la naturaleza, no es para el trabajador que la transforma en un bien de uso, no es para el trabajador que con su fuerza de trabajo, física e intelectual, logra las maravillas que hoy conocemos, porque todo ello, en enorme proporción, son usufructuadas por los “dueños” de los medios de producción.

Avancemos con la abstracción de manera extrema. Pongamos el caso de que todos los trabajadores del mundo arriben a la conclusión de que no hay que trabajar más. ¿Qué pasaría? ¿Quiénes generarían el alimento necesario? ¿Quiénes producirían bienes que amortiguan nuestro esfuerzo? ¿Quiénes editarían libros, diarios y proclamas? ¿Quiénes actuarían en escenarios representando obras o espectáculos? ¿Quienes crearían obras de artes o literarias o musicales?...

Quizá no sea necesario llevar el ejemplo a tal extremo, pues nos podríamos preguntar, en una abstracción menor: ¿cómo sería un mundo sin energía utilizable?

Un ecologista despotricaba contra la contaminación y la necesidad de proteger el medio ambiente, ese  donde es posible la vida humana. En ese caso despotricaba contra la papelera de Fray Bentos. Salía de un supermercado con dos bolsas grandes que ocupaban todo el “changuito”. ¿Qué llevás? Pañales descartables, soy padre de mellizos, dijo sonriendo con el orgullo de serlo. Podría haberle señalado que esos pañales, luego, son una enorme fuente de contaminación. No se lo dije, es ecologista, debía saberlo, pero lo que no podía era no usarlo para sus hijos. La realidad contaminaba sus propios principios.

Las abstracciones nos permiten poseer claridad con relación al fenómeno puntual, saber porqué ocurre, pero en la práctica vemos que se comporta de otra manera, una parte es, quizá, inevitable en algunos casos, sin embargo la mayor parte se debe a la instrumentación que se hace del fenómeno, a su apropiación indebida, a su manipulación como mercancía para obtener plusvalía, para enriquecerse a costa del trabajo de los demás, para orientar producciones a la demanda solvente, es decir, a los que ya poseen todo lo básico y se les produce excentricidades innecesarias o consolidadoras de su estatus.

Si queremos cambiar, no hay que detener la rueda de la historia, que por otra parte es imposible. Lo que hay que hacer es cambiar el régimen social, salir del capitalismo e ingresar al socialismo. Esa es una transición que debemos recorrer y cuyo lapso histórico estará dado por una serie de factores donde predomina la unidad antiimperialista, la conciencia social, la valentía política y la producción de bienes materiales necesarios para incrementar la calidad de vida de millones de personas para que se consolide una sociedad armónica, modesta y nada despilfarradora, junto a un Estado Presente que utilice racionalmente los avances de la ciencia y la técnica hasta donde crea poder hacerlo, ya que la profundización de los cambios no va a depender de ese Estado sino de las luchas que las masas realicen para lograrlos.

2. El consumo de energía.

En nuestro querido país, como producto de políticas desarrolladas desde hace más de 100 años, la energía que se consume proviene (más en nuestros días) especialmente de hidrocarburos. Nada menos que un 92% del consumo energético industrial y particular dependen del petróleo y del gas. Y ocurre en un país donde, por crecer, por incluir, el consumo se incrementa y donde, hasta hace sólo unos años, por ceder en los principios y entregar el patrimonio nacional, la producción venía reduciéndose.

El incremento del consumo tiene que ver con los cambios operados en esta última década, donde millones de argentinos (entre ellos millones de niños y ancianos) han mejorado su calidad de vida: poseen trabajo los que antes integraban el 27% de desocupados; poseen jubilación más de dos millones que nunca se hubiesen podido jubilar, poseen una jubilación mínima de tres mil pesos cuando hoy si existiesen las AFJP sería de 538 pesos (y ya el total de jubilados supera los siete millones de personas), se exporta más productos elaborados, se compra más, se construye más, etc.

Es lógico que eso no se logre, ni con velas ni soplando. Ello significa más energía consumida. Y resulta que si no extraemos petróleo y gas, la energía que necesitamos la tenemos que comprar y eso significa utilizar las reservas del tesoro en ello, en vez de utilizarlas para destinos sociales, por ejemplo y no utilizar las reservas de combustibles que poseemos, lo que sería un índice de irracionalidad infantil.

La opción no es solamente de nuestro país. China, que sacó de la pobreza ya a 800 millones de personas, le queda aún 500 millones más y para poder continuar con esa revolucionaria actitud (que sólo el socialismo puede lograr) requiere contar con más energía. De allí que la República Popular China , su gobierno, ha decidido firmar contratos no sólo con Chevron, también con Royal Dutch, Shell, BP, Total  y Rosfneft (la paraestatal rusa), para extraer gas y petróleo de su territorio y del territorio de la ex Unión Soviética , su socia mayor en este emprendimiento. En el propio EEUU se han ya perforado cientos de miles de pozos para extraer gas natural por el proceso de quiebre de rocas denominado “fracking”, sistema muy viejo pero imposible de utilizar cuando el barril no superaba los 20 dólares.

Nuestro país, que posee la tercera reserva mundial de gas ¿debería quedarse atrás?, ¿debería parar de crecer y retroceder al 2001?, ¿debería agotar sus reservas pagando combustible cuando lo posee en su territorio?

Aquí marcamos la enorme diferencia entre la abstracción y la realidad objetiva. Cuando la abstracción se convierte en principio abstracto y reemplaza a la realidad objetiva, se le produce al país (y a su gente), más daños que beneficios. Y se repite lo del monumento a la bandera. Se junta la ultra izquierda con la ultraderecha, más los despistados, más los cretinos anticristinistas.

El periódico de la CNN local (Clarín) titula el acuerdo “YPF- Chevron: una estafa de proporciones”.  La revista de los grandes y carnívoros monopolios “Fortune” hierve de furia y titula en su ejemplar “CHEVRON COMETE UN ERROR EN LA ARGENTINA”  En su contenido, el autor apunta a “los riesgos políticos, legales y de negocios”… menciona que Chevron “quebró un código no escrito” entre los grandes monopolios: “hay un código no escrito entre las grandes empresas de energía: “siempre es nosotros versus ellos”. El “nosotros” son los monopolios, el “ellos” son los países con reservas de hidrocarburos.

También los monopolios amenazan a su colega por firmar con la Argentina cuando “sólo unos meses antes el gobierno argentino expropió el 51% de las acciones de YPF que poseía Repsol”. Y en la revista el autor agrega dos claras advertencias: “Repsol podría buscar una retribución con la reorientación de las operaciones de Chevron en Europa” y una no velada amenaza: “Chevron puede tener dificultad para encontrar un socio para algunos nuevos emprendimientos ahora que ha roto el código: nosotros versus ellos”. El artículo de la revista de los monopolios menciona que lo que hizo Crevron al firmar con la Argentina “es imperdonable”.   

Los más papistas que Francisco, se enrolan con esta opinión aunque utilicen otras terminologías, en general, abstractas-progresistas.

3. La fractura hidráulica (fracking) y la contaminación.

En rocas de poca permeabilidad, sedimentarias y estratificadas (pizarras y esquistos), el gas se acumula en sus poros impidiendo su paso a la superficie, creando grandes bolsones de ese combustible en considerables profundidades.

Para extraer el combustible se realizan pozos donde se inyecta a presión algún material que permita el paso del gas hacia la superficie. A fines del siglo XIX se utilizaban explosivos, a principio del siglo XX se utilizaban ácidos y a mediados de ese siglo se comenzó a experimentar con agua y arena. Pero el precio del barril era inferior a los costos de extraer hidrocarburos con estos métodos y, por tanto, ninguna empresa monopolista se lanzó a hacerlo. Tampoco se evaluaba correctamente las reservas existentes, ni los incrementos de consumo que se producirían.

Pero al aumentar el valor del barril más de 10 veces (y no por inflación), el negocio resurgió. Además los países que crecían, en particular China y en la última década varios de América Latina, requerían, para continuar con el ritmo, utilizar más energía tradicional mientras se avanza en la búsqueda de alternativas que deberían ser poco contaminantes, más seguras, inagotables y de bajo costo. Un verdadero desafío para la ciencia y para las naciones y pueblos que encaren este desarrollo.

Mientras, este viejo sistema de extracción, puede otorgar el tiempo necesario para lograr utilizar energías limpias y de bajo precio. ¿Por qué de bajo precio? Porque de ser de muy alto valor (por la cantidad de trabajo directo e indirecto necesario) en un mundo donde todavía la producción está dirigida a la demanda solvente, esa política crearía aún más desigualdad social que la ya existente, en los países bajo la órbita del modo de producción capitalista.

Los pozos perforados con aguas y arena requieren el consumo del vital líquido en cantidades apreciables, estimadas en unos 10 mil m3 promedio por pozo. La arena que acompaña el agua tiene como finalidad cubrir el espacio fracturado evitando que se cierre.

10 mil metros cúbicos equivalen a 10 millones de kilos. El tema es que el líquido requiere de aditivos químicos de 1,3% promedio. Parece poco, pero es el 1,3% de 10 millones, es decir, cada pozo requiere 130 mil kilos de productos químicos agregados (130 toneladas de benceno, éter, glicol, tolueno y otro centenar de elementos más). Es allí donde se debe prestar la mayor atención pues pueden, por una razón de costos, utilizarse productos que resulten perjudiciales a la salud y que contaminen terrenos y acuíferos.

En los EEUU esos productos no son regulados por el gobierno y ello es una fiesta macabra para los contratistas. En ese control debe colocarse el mayor esfuerzo, tanto el gobierno, como YPF, como la comunidad que no integra ONG pagadas por los monopolios deben hacerlo.

El agua utilizada puede ser reciclada en porcentajes que llegan hasta un 80%. Si consideramos un promedio del 50% ello significa una considerable reducción del líquido, no así de la arena y de los químicos.

La perforación vertical hacia los yacimientos llega a profundidades de 1.500, 2.000 y más metros, a partir de allí se produce la fractura horizontal de unos mil a mil quinientos metros de extensión radial. Los acuíferos (napas freáticas) se encuentran a 200 metros bajo la superficie, muy lejos de la fractura, aunque no se descarta que la imprudencia o la avaricia puedan llegar a contaminarlos. Y ello sería grave cuando esos acuíferos fuesen utilizados para suministrar agua potable a las poblaciones, en especial pues algunos químicos pueden ser cancerígenos aunque en menor grado que el cigarrillo y mucho menos que el glifosato. Señalemos que cuando los yacimientos se encuentran el lugares lejanos y desérticos el riego es menor que cuando se encuentran en zonas verdes con grandes poblaciones a su alrededor.

Otro punto sobre el que hay prestar atención es la posible “fuga” de gas metano. Si la misma supera al 2% tolerable, se incrementa el denominado “efecto invernadero”. La técnica utilizada puede garantizar que la fuga no supere el 2%, pero son los controles los que deben funcionar bajo una estricta legislación que castigue severamente a quienes los vulneran. 

También hay que considerar la gran cantidad de pozos que son necesarios perforar para lograr eficiencia y costos totales más reducidos, siendo, en promedio, un pozo cada mil metros.

A diferencia de la soja, cuyos químicos contaminan superficie y napas e incrementan el cáncer, la extracción no convencional requiere de gran cantidad de mano de obra y de medios de transporte.

Mientras el monocultivo y la industrialización del “campo” producen desocupación y expulsión rural de miles de campesinos, la extracción no convencional generará miles de nuevos puestos de trabajo calificados y de transporte, ya sea mediante camiones, mediante buques o mediante gasoductos.

Y el país no sólo logrará el autoabastecimiento para el 2015/16 dejando de utilizar reservas del tesoro, sino que se irá convirtiendo en un gran exportador de hidrocarburos. De acuerdo al Estado que sepamos construir, los beneficios irán a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos o a engordar más aún a los ya excesivamente ricos.

El camino es claro: debemos crear las condiciones para que lo primero ocurra, pues para lo segundo los monopolios saben muy bien como actuar. Ello se enmarca dentro de la lucha de clases. Creer que no produciendo energía está la “solución” es, al menos, inocente para no decir grave.

Sabiendo que este recurso es limitado aunque las reservas duren algunas decenas de años, durante ese lapso se deberán perfeccionar las técnicas de utilización de energías no contaminantes e inagotables. Todo un desafío.

4. El marco legal:

La Ley 26.741 es promulgada el 4 de mayo de 2012, hace apenas 15 meses. El objetivo está definido en los primeros párrafos de la misma con una claridad que no deja dudas:

Declárase de Interés Público Nacional el logro del autoabastecimiento de hidrocarburos…

El logro del mencionado autoabastecimiento se concretaría con la firma del contrato de YPF con Chevron para la explotación de hidrocarburos no convencionales. Ya se estaba operando en 2012 con dos pozos en Vaca Muerta. Pero desde el 2009 esta empresa opera con esa tecnología en los EEUU, Canadá, Polonia, Rumania y China. Como mencionaba anteriormente, el autoabastecimiento es el primer paso, para luego  convertirse en un país exportador de hidrocarburos.

Créase el Consejo Federal de Hidrocarburos…

Aquí se trata de contar con una herramienta, un organismo, que sea el que se encargue de llevar adelante el objetivo primario: alcanzar el autoabastecimiento.

Declárase de Utilidad Pública y sujeto a expropiación el 51% del patrimonio de YPF S.A. y Repsol YPF Gas S.A.

Sin este paso los dos puntos anteriores se convertían en mera expresión de deseos. La “expropiación” de las acciones del 51% de una SA le otorga el dominio de la misma. A partir de allí el objetivo pasa a ser posible de ser cumplido.

Y no se trata sólo de autoabastecimiento, el artículo 1 de la Ley como objetivo prioritario también fija:

…la exploración, explotación, transporte y comercialización de hidrocarburos…

Se cierra el círculo productivo que nace en la búsqueda del yacimiento hasta la comercialización y consumo de lo extraído. Ello en una primera etapa ahorraría divisas y en una posterior generaría divisas, por eso es muy importante que ese primer artículo finalice así:

… a fin de garantizar el desarrollo económico con equidad social, la creación de empleos, el incremento de la competitividad de los diversos sectores económicos y el crecimiento equitativo y sustentable de las provincias y regiones.

Observamos aquí varias cuestiones: la creación de empleos en esta actividad es muy importante, como lo son los salarios promedio que logran estos trabajadores. La competitividad para empresas locales se logra produciendo para las mismas energía barata sin necesidad de utilizar las devaluaciones como “herramienta” para ganar mercados y perjudicar a la población. Y el concepto de que el petróleo de una provincia es de todos, es también una forma de morigerar desigualdades. Hasta dónde el gobierno puede avanzar no es una cuestión sólo del gobierno, es de todos los trabajadores y, en especial, de los sectores más esclarecidos y progresistas. Luchando, saliendo del café.

Esta actividad también se encuentra enmarcada en la Ley 17.319 denominada de Hidrocarburos, la que en su artículo primero menciona claramente:

Los yacimientos de hidrocarburos líquidos y gaseosos situados en el territorio de la República Argentina y en su plataforma continental, pertenecen al patrimonio inalienable e imprescriptible del Estado Nacional.
  
Y ya el segundo artículo abre el juego a las empresas estatales, privadas o mixtas “conforme a las disposiciones de esta ley” y sus reglamentaciones. Luego le siguen varios artículos que conforman  esas “disposiciones”: Facultad del Poder Ejecutivo de otorgar permisos; de mantener las reservas para el autoabastecimiento; de que la empresa asuma los riegos; de otorgarles el “dominio sobre los hidrocarburos que extraigan”; se “respetan” las propiedades mineras anteriores a esta ley (que es del 30 de junio de 1967), etc.

El 11 de julio de 2013 se emite el decreto 929 denominado “Régimen de Promoción de Inversión para la explotación de Hidrocarburos”, donde se remarca el objetivo del artículo 1 de la Ley 26.741 y los de la Ley 17.319. Aquí se fijan varias “reglas de juego”: La inversión directa no podrá ser menor a mil millones de dólares. El plazo para integrarlos totalmente es de 5 años; a partir del quinto año tendrá el derecho a comercializar libremente el 20% de la producción con 0% de derechos de exportación; que sobre esas ventas tendrán libre disponibilidad las divisas obtenidas; que este decreto, en el marco de las leyes mencionadas y la 26.197 se ajustará a: el desarrollo armonioso; el logro del autoabastecimiento; el incremento de las inversiones; la integración de capital nacional con extranjero; la incorporación de nuevas tecnologías y el desarrollo tecnológico en el país, etc.

5. Vaca Muerta

La provincia de Neuquén, los sectores occidentales de La Pampa y Río Negro y un pequeño territorio de la parte meridional de Mendoza, componen lo que se denomina “Cuenca Neuquina”. Allí se encuentra la formación VACA MUERTA.

Dicha formación ocupa un territorio de aproximadamente 30 mil km2, de los cuales 12 mil pertenecen a YPF. Hay muy pocos pozos perforados en relación con la superficie mencionada que cubren sólo 395 Km2.

La cuenca neuquina se clasifica en dos grandes áreas: la “andina”, que se desarrolla en las proximidades del arco volcánico y la “del engolfamiento”, que se desarrolla por el borde de la cuenta bajo la influencia del macizo norpatagónico y el sistema de la Sierra Pintada.

El área de Vaca Muerta se encuentran: Loma Campana, La Amarga Chica y Loma de la Lata. El área se constituye en la tercera reserva mundial de hidrocarburo después de la de China (que recién inicia su explotación) y de la de los EEUU (con gran actividad desde el 2006).

Las reservas totales que se estiman prudentemente existentes en Vaca Muerta equivalen a 21.167 Mbep (millones de barriles de petróleo equivalente, de los cuales 5.732 millones son de barriles de petróleo y el resto, de gas expresado en barriles de petróleo).

Para poder actuar sobre ese inmenso mar de hidrocarburos son necesarios recursos financieros y científicos-técnicos y a ello apunta el contrato firmado por YPF con Chevron.

Cuando el necesario crecimiento, que permite una mayor inclusión social si esas políticas se aplican, es más acelerado que la producción de energía, es necesario lograr obtenerla, no pagando con las divisas, sino sacando de nuestro suelo la riqueza que subyace en él sin cumplir ningún objetivo social allá abajo.

¿Puede este gobierno hacerlo? Es una pregunta que requiere de otra: la izquierda, el sector más progresista de la sociedad ¿puede triunfar en las elecciones y llevar adelante este objetivo? Y si pudiese triunfar ¿dejaría en el fondo de la tierra, a más de 2 mil metros de profundidad, la riqueza que necesitamos para solucionar los más angustiantes problemas que han generado y generan en nuestro país haber pasado toda nuestra historia escrita bajo sistemas de explotación del hombre por el hombre?



Oscar Natalichio
Director
Centro de Investigaciones Económicas y Sociales (CIEyS)
Agosto 2013.

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